viernes, 8 de enero de 2016

Libros recomendados por Jorge Luis Borges

En el mundo literario, ya todos sabemos quién fue Jorge Luis Borges. Pero no solo me refiero al hecho de ser considerado uno de los más sobresalientes escritores pertenecientes a la literatura del siglo XX (por sus cuentos, ensayos y poemas), sino que sus pensamientos siguen trascendiendo de modo universal, los cuales sirven como fuente de inspiración para futuros escritores, poetas y novelistas. 

Un punto más que podemos destacar en su amplia trayectoria, es su filosofía, la misma que fue concebida como una perplejidad constante, pero a la vez nos mostraba un mundo paradigmático, sin la cual, su poesía y su racionalidad escondida en sus majestuosos escritos, no hubieran reflejado el mundo de Borges, un mundo expresado en grafías, pero con el corazón y la mente puestos en la pluma. Es increíble reconocer que siendo un literato acérrimo, formar parte de las lecturas que los filólogos, semióticos, hombres de leyes, filósofos, mitólogos y hasta matemáticos, lo colocan entre sus preferidos. Destacable también es, el perfeccionamiento utópico y a la vez racional, que su lenguaje transmite a la hora que plasmó la originalidad de sus ideas y ficciones, dentro de la belleza poética y alegórica que reflejaba en sus sentimientos, mente y alma. 

Y así, como Borges inspira a muchos, él también fue inspirado por otros escritores (se dice también, que leía cuanto libro le caía en la mano). A lo largo de los años y cuando ya había escrito varias obras, un periodista (uno de los tantos) le preguntó "¿Cuáles serían los libros que usted (Borges) recomendaría a la juventud?" y aunque Borges mencionó a varios autores, aquí dejo una breve lista con algunos de los libros que el escritor argentino, solía y acostumbraba leer.

1. "Las muertes concéntricas" de Jack London.
2. "El cardenal Napellus" de Gustav Meyrink.
3. "Cuentos descorteses" de León Bloy.
4. "El espejo que huye" de G. Papini.
5. "El crimen de Lord Arthur Saville" de Oscar Wilde.
6. "El convidado de las últimas fiestas" de Villiers de l' Isle Adams.
7. "El amigo de la muerte" de Pedro Antonio de Alarcón.
8. "Bartleby, el escribiente" de Herman Melville.
9. "Vathek" de W. Beckford.
10. "El invitado tigre" de P´u Sung Ling.
11. "El ojo de Apolo" de G.K.Chesterton.
12. "El diablo enamorado" de Jacques Cazotte.
13. "El buitre" de Kafka.
14. "La carta robada" de E.A.Poe.
15. "Micromegas" de Voltaire.
16. "Cuentos rusos" de Dostoievsky, León Tolstoi y L. Andreiev.
17. "La isla de las voces" de R.L. Stevenson.






jueves, 7 de enero de 2016

Ventajas del latín para los hombres de Derecho

El profesor Fernando de Trazegnies Granda, al tiempo que nos muestra ejemplos prácticos, nos cuenta las ventajas de saber latín en un mundo tan competitivo como el jurídico. Aquí van:

1. Concreción

El latín es un idioma que tiene la ventaja de decir las cosas de manera muy concreta y elegante. Por ejemplo, los romanos no creían en el daño moral ni en el daño a la persona sino únicamente en el daño material. Por consiguiente, para significar que el daño reparable tenía que ser causado materialmente, decían –con esa sencillez y eficiencia lingüística que es propia de la galanura del latín– que debía ser corpore corpori, es decir, “por el cuerpo y al cuerpo”.

2. Concisión

Observen la concisión y la riqueza de esas cuatro categorías de contratos que reconocía el Derecho romano: do ut desfacio ut faciasdo ut faciasfacio ut des: “doy para que des” (como en la compraventa, donde doy dinero para que me des una cosa que quiero comprar), “hago para que hagas” (como en el ahora llamado contrato de joint venture, en el que hago mi parte para que tu hagas tu parte en un negocio), “doy para que hagas” (como en la locación de servicios, donde doy una cantidad de dinero para que realices un trabajo), y “hago para que des” (que es la misma figura vista a la inversa, donde presto un servicio par que me des una cantidad de dinero).

3. Simplicidad

Pensemos también en la simplicidad de expresión y en la profundidad de sabiduría que se advierte en adagios tales como mater semper certa (la madre siempre es cierta), mientras quepater is est quem nuptiae demostrant (el padre es aquel a quien el matrimonio muestra que es el marido). O por ejemplo la forma de decir que existe separación de bienes dentro de la sociedad conyugal pero que ello no implica una separación de los esposos: Corpora communia sed non pecunia. Obsérvese también esa frase lapidaria de Paulus que, para perdonar el error, exige que la persona haya hecho todo de su parte para no errar: [Ius] nec stultis solere succurri, sed errantibus (el Derecho no ayuda a los tontos sino a los que se equivocan).
En consecuencia, resulta útil muchas veces recurrir a los adagios clásicos para analizar situaciones modernas. Pero si vamos a usarlos, tenemos que usarlos bien, propiamente estructurados desde el punto de vista gramatical y correctamente escritos en materia de ortografía. Nada hay más deslucido que recurrir a frases o palabras en un idioma extranjero y cometer errores al hacerlo. Lamentablemente, el latín se presta para que se incurra en gruesoslapsus debido a la complejidad y a las sutilezas de sus concordancias.

Fuente: Legis.pe