jueves, 11 de agosto de 2016

Sobre los solitarios I

En estos momentos, soy aquel cometa que surca el firmamento, hasta llegar a los confines del espacio y del vacío, que hay en el universo. Igual que un jaguar, voy corriendo, siempre desafiando a las leyes de la gravedad y a las leyes del destino.
Soy el ave inmortal que nace del ocaso primaveral y de las crudas entrañas del averno. ¿Qué ha pasado pues? ¿Qué es en lo que me he convertido? ¿En poeta o soñador? No puedo ser poeta, pero a lo mejor si un soñador, pero de aquellos que no duermen nunca.
El gran astro ilumina muy fuerte para todos, pero no ilumina para mi. El gran astro no puede iluminar a los solitarios que paran meditando en sus cuevas. Nosotros los solitarios, necesitamos otro tipo de iluminación: La luz del saber y el conocimiento.
Sabedlo pues, soy aquel solitario que mora en su cueva, sin nada que comer, pero con mucho para compartir. No tengo dinero, joyas ni lujos, pero poseo conocimiento, y me encanta enseñar al que no sabe, he ahí el secreto de mi arte. Enseño no para que sean igual a mi, sino superiores a mi, cada quién necesita construir su propio universo en el cual, la única barrera a vencer, no debe ser el otro, sino uno mismo.
El superarse cada día, el mejorar en muchos aspectos harán que la vida no sea tan gris, sino más llevadera. Mientras otros disfrutan de las comodidades y de lo material -los frutos que puedan obtener de sus posesiones y riquezas- y de las cosas que puedan obtener, yo disfruto de mis libros, de mis escritos y sobre todo de mis pensamientos, los cuales suelo expresar en simples grafías, que a veces resultan complejas, pero no pierden la claridad de su esencia. Mi canto no es para los que no saben cantar, sino para los que saben, pues ellos están más prestos a escuchar la dura melodía que brota de mi alma.
Siempre viajero, nunca estable, siempre buscando nuevos rumbos, nuevos desafíos, nuevos horizontes, nuevas metas y nuevos sueños. Pero esta vez ¿seguiré solo mi camino? Todo indica que así he de seguir, porque a nosotros los solitarios, el vulgo no nos comprende, y para los "poderosos", nosotros, no existimos. Pero es mejor así, pues nada mejor que llevar uha vida frugal y tranquila, en vez de tenerlo todo, menos buenos libros, un hermoso amanecer contemplando la salida del Sol y nuestros propios pensamientos. 

¡Recordáos hermanos mios que, el conocimiento os hará libres!

Y una vez que dijo esto, Hefrén partió a otro pueblo.
Escrito por: D. Efraín Misari T.

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