lunes, 24 de agosto de 2015

Ser uno mismo

En la vida, no hay nada más preciado que la libertad humana. Aunque para muchos, la idea en la cual el hombre pueda llegar a ser libre, no es más que una quimera o una utopía, pero para mí, la libertad del hombre es posible, por el tan solo hecho de elegir su propio destino. 
Veo a muchos en la sociedad que les gusta la "competencia", disfrutan ser mejores que los otros y demostrarlo a cada momento de sus vidas, sin importarles pisotear al más débil para alcanzar sus propósitos. Otros, aparte de esto, buscan más y van en pos de lograr la cima, el trono, el cielo, y también no les importa tener que asesinar a quien esté a su costado, por obtener el vil puesto. Ellos dicen "Si es necesario vender a mi madre, la vendo, con tal de obtener mi propósito". Estos también son capaces de apuñalar al amigo y a causa de esta iniquidad, es el inocente siempre, quien paga las consecuencias de estos nefastos hombres.
La sociedad cada vez se ha vuelto no solo transgresora de las leyes, sino también transgresoras de sus propios principios y transgresoras de su propio código moral. No soy moralista, pero al menos vivo encerrado en cuatro paredes, donde no me hace falta salir para ver que la situación de los hombres "allá afuera" (en el mundo exterior) es cada vez más deplorable. 
Estos viles hombres aman la competencia, pero no respetan al competidor. Están dispuestos a la lucha, pero solamente para poder dar el golpe bajo y luego rápidamente, esconder la mano. Estos hombres han dejado de ser licantropos, para convertirse en ratas, buitres y hienas embusteras con tal, los cuales solo aprovechan la oscuridad para cometer sus infamias y alimentarse de la carroña (de estas infamias) al día siguiente. 
Si el amor ha muerto, no hay duda que la sociedad también, por eso, yo ya no hablo de "sociedad" (societas) sino de "suciedad". Incluso muchas veces, aquellos pocos hombres íntegros, también se van contaminando con el estupor y el moho de toda esta lacra popular. A estos viles hombres, les gusta el juego, pero no para jugar bajo las reglas, sino para aprovechar el momento y emplear sus trampas. Y aunque el destino de todo tramposo es la "victoria", esta solo será externa, porque en el fondo de ellos, saben que siguen siendo los perdedores de siempre. Sin embargo, son los malos hombres los que se jactan y disfrutan de sus torcidos y ficticios triunfos ante los demás. El buen hombre, no necesita la "aprobación" para ser bueno. El buen hombre, no necesita de grandes honores o grandes títulos para saber lo que es. Simplemente lo es y punto.
En lo personal, no me considero hombre recto, ni probo, pero al menos mi consciencia está tranquila porque vivo sin hacer daño a los demás y refugiado en mis escritos, lecturas y pensamientos. Me tomo la libertad de criticar o reprender si algún acto me parece "malo", pero siempre dispuesto a enmendar mi error, si en algo me he sobrepasado u excedido. 
No me gustan las fiestas sociales, ni los lugares donde transitan demasiadas personas, y aunque he sido muchas veces criticado por ello, no me importa (y no por decir esto, sea yo grosero, sino sincero). En cuanto a las competencias y los juegos que hay en la vida, donde veo a muchos participantes que juegan a ser "el mejor" para demostrar superioridad ante los demás, me parece un chiste y una pérdida de tiempo. En mi caso, no tengo que competir con nadie. Ni ser superior, ni ser inferior a alguien. Tampoco siento la necesidad de demostrar al mundo que soy "el mejor", y no me importa si me consideran el peor. No pasa por mi mente ser el número uno de las cosas que hago en mi vida. Pero si me preguntan "¿Entonces a qué aspiras?" Solamente respondería que a lo único que aspiro es, a seguir siendo yo mismo. Así soy y así -en mi mundo- sigo siendo libre. 
A la libertad a la cual yo me refiero, es a la libertad de pensamiento y de expresión. Un tema ya tratado por muchos, pero llevado a la práctica por tan solo algunos pocos. Reflexionemos pues, y los invito siempre, a seguir siendo ustedes mismos.

Qui intellectum habeat, ut intellegant.
(Quien tenga entendimiento, que entienda)

Escrito por: David E. Misari Torpoco (Agosto 2015)