miércoles, 30 de diciembre de 2015

"APERTURAR" No existe

No hay duda que la fuerza de la costumbre es poderosa al momento de colocar una palabra en el lenguaje usual, pues hemos escuchado muchas veces a varios abogados y jueces pronunciar la palabra 'aperturar'. Aunque se le quiera buscar culpables y tratemos de justificar diciendo que muchas son las personas de a pie que hablan de "aperturar cuentas bancarias" o "aperturar un negocio", esto no quiere decir que el término empleado sea correcto, ya que 'aperturar' vendría a ser un verbo y como tal, la RAE nos demuestra que NO EXISTE.
Durante los últimos años, la Real Academia Española (RAE), notó que se ha formado el verbo 'aperturar' a partir del sustantivo 'apertura' y se emplea como sustitución del verbo 'abrir'. Incluso ha detectado el uso de esta palabra (aperturar)  en los bancos, donde las personas dicen “Vine a aperturar una cuenta” en vez de decir: “Vine a abrir una cuenta”.  
En el ámbito jurídico hemos escuchado decir: 
1. "Debe aperturarse una investigación para esclarecer los hechos".
2. "El juez sabe que no le van a aperturar ese proceso, por eso te dice anda al especialista".
3. "Se debe aperturar la etapa de investigación".
Cada vez que se emplea ese término, la persona se está expresando mal, pues 'aperturar' NO es un verbo, como sí lo es, el sustantivo 'apertura' que indica la acción de abrir (1).
La RAE señala que el uso de 'aperturar' no se justifica y recomienda evitarlo. En su lugar existe el verbo 'abrir'
Debemos ser académicamente correctos y emplear el verbo 'abrir' en vez de 'aperturar' y verifiquemos el uso del sustantivo 'apertura' porque si no terminaremos como decía Fernando Lázaro Carreter: «Aperturado el camino, nada impide que lecturar sustituya a leer, baraturar a abaratar y licenciaturarse a licenciarse».
.....................
(1) Walter Mendizabal Anticona y David Misari Torpoco. Redacción Jurídica. Escuela Iberoamericana de  Postgrado y Educación Continua (ESIPEC) Fondo Editorial. Lima. Perú. 2015. Pág. 45. (ISBN N° 978-612-46932-0-5)

martes, 15 de diciembre de 2015

Crítica de Hans Kelsen a sus profesores de Derecho

El más grande jurista de todos los tiempos, aunque a veces lo olvidemos, también pasó por las aulas de una facultad de derecho como cualquiera de nosotros. Sin embargo, según sus agrias palabras, este tránsito fue decepcionante.
Los estudios jurídicos en la Universidad de Viena de su tiempo, en la denominada «Alma Mater Rudolphina Vindobonensis», se dividían en dos ciclos. Primero se estudiaba la historia del derecho en sus diversas ramas (historia del derecho romano, historia del derecho germánico e historia del derecho austriaco) y luego disciplinas explicativas del derecho vigente en Austria (propiamente dogmáticas).
Cuando el joven Kelsen empezó los estudios universitarios, la Universidad de Viena tenía más de cinco mil inscritos, de los cuales más de la mitad eran de la facultad de derecho. En esa época solo los varones podían cursar los estudios de dicha facultad. Las mujeres tenían acceso únicamente a la facultad de filosofía y a la de medicina. Serían admitidas a la facultad de derecho hacia 1919. 
Como ya es sabido, la decepción que Kelsen padeció en la facultad (y en el espacio académico que le tocó vivir) estuvo marcada por la ausencia de un método riguroso que hiciera del derecho una disciplina respetable. Al contrario, las distintas disciplinas se caracterizaban por mezclar los enfoques. Los profesores las exponían en sus clases y en sus libros entremezclando razonamientos de todo tipo: junto a los normativos o jurídicos, los históricos, los sociológicos, los económicos, los filosóficos y teológicos, e incluso los biológicos. A Kelsen le parecía que urgía una verdadera ciencia jurídica, autónoma en cuanto a su objeto y a su método. Esta ingrata experiencia en la facultad de derecho marcaría definitivamente sus obras a lo largo de toda su vida.
A esta situación (ya de por sí caótica) había que añadir que Kelsen no hallara buenos docentes en su facultad. Así criticaba el joven Kelsen a sus profesores de derecho:
El romanista Czyhlarz enseñaba derecho romano sin atender a su conexión con la cultura antigua o a su importancia para la sociedad de nuestro tiempo; pronto me di cuenta que podía aprender en pocas semanas, mediante la lectura de su texto, lo que enseñaba en sus no muy vívidos discursos durante todo un semestre. El germanista Zallinger era un orador desacostumbradamente malo, ya que era visible que hablaba sólo con grandes esfuerzos. Sigmund Adler, quien enseñaba historia del derecho austriaco, era una figura cómica. Después de poco tiempo, dejé de visitar la mayoría de los cursos y me dediqué a la lectura de obras filosóficas.
Créditos: http://legisprudencia.pe/blogs.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Sol


Cada mañana
estas presente en mi interior,
reina de mis días, miel de mi corazón
¡Oh bella musa de mi inspiración!

Del amor se puede decir mucho
pero aquello que no se dice,
un silencioso sentimiento creciente,
eso es el amor.

¡Oh musa de la inspiración!
sabes que se enloquece mi corazón
al sentir que ella habla con pasión
y hace mi razón, una dulce locura.

Ella es el Sol que ilumina mis pasos
ella es el Sol que calienta mi cuerpo
el Sol que guía mi órbita
y el ángel que cuida mis días.

¡Oh musa de mi inspiración!
tú sabes que ella es el Sol que abriga mis penas
y sabe como frenar mis impulsos
con una mirada o con una palabra.

Ella es poeta, ella escribe con noble sentir,
ella posee voz de niña, pero alma de mujer
ella es el sueño y lo real de mi vida
como también, el canto y el verso de mis elegias.

¿Cómo podría yo dejar de amarte?
si a cada instante te siento,
tú eres el alimento que nutre a mi alma
y la dicha que alegra mis sentimientos.

No me importa sufrir los síntomas del amor
si la enfermedad y la cura provienen de tu corazón,
quizá ya no tenga cordura, pero eso ¡Qué me importa!
si encontré la felicidad en la dadivosa locura del amor.

Me pides que te deje de amar,
quizá nunca lo pueda hacer,
y no porque no quiera o no pueda hacerlo,
sino porque el hacerlo implicaría perecer.

Y si algún día dejara yo este mundo
¡Ea! Dejo a los dioses y no a los hombres como testigos,
del infinito amor que existe en los confines del universo,
el cual, yo a ti, te lo di. Ellos lo saben bien.

Eterna y bella por siempre serás
el Sol de mis días y el lucero de mi amanecer,
porque durante las noches te conviertes
en el ángel que siempre cuidará de mi ser.



Escrito por: David Efraín Misari Torpoco.
(25 de Noviembre 2015)

viernes, 13 de noviembre de 2015

La importancia de leer


Seguramente hay algunos que dicen "¿Para qué leer muchos libros? No es necesario". A estas personas yo les diría que están equivocadas. 

En primer lugar, se sabe que es imposible leer todos los libros del mundo. Uno nunca llega ni siquiera a leer el 5% de los libros que existen a nivel mundial. Sin embargo, mi recomendación sería más que prática, útil y sencilla. 

Soy de la idea, que uno debería empezar por leer a los grandes clásicos de la literatura occidental y terminar por nuestros escritores peruanos. Queda por demás decir, que entre los clásicos de la literatura universal, encontramos desde la antigüedad a Homero, Hesiodo, Platón, Aristóteles, Jenofonte, Ovidio, Horacio, Virgilio, hasta llegar a la literatura moderna, renacentista y leer a autores como Dante Alighieri, Montaigne, Descartes, Spinoza, Pascal, Leibniz, Hobbes, Kant y seguir, pasando por Copérnico, Gerolamo Cardano, Galileo, Newton, Kepler, Servet, Giordano Bruno, Shakespeare, Cervantes, Cyrano, Defoe, Diderot, Voltaire, Moliere, Oscar Wilde, Wallace, A. Dumas, Ortes, Balzac, Sthendal, Dickens, Flaubert, Ch. Baudelaire, A. Poe, Tolstoi, Dovstoieski, Thoreau, R. Emerson, Adan Smith, Mark Twain, Julio Verne, H. James, Robert L. Stevenson, Pasternak, Hemingway, E. Sábato, Borges, Francis Ponge, Nietzsche, Goethe, entre muchos otros, puesto que la lista sería inmensa, siempre es recomendable leer a estos y otros autores, no solo porque uno se sumerge a un mundo nuevo, sino que la enseñanza que dejaron en sus obras, sirven de mucho para la realidad que afrontamos. 

Muchas veces atravesamos distintos problemas en la rutina diaria, pero llevar y tener siempre un libro bajo el brazo, puede cambiar no solo el curso de su vida, sino el paradigma existencial por el cual usted atraviesa. Estos autores, más allá de escribir cuentos, novelas, textos científicos, filosóficos, poemas y demás, dejaron ese legado precisamente para mostrar a la humanidad, las distintas facetas y las prerrogativas por el cual uno atraviesa, mostrando la solución muchas veces al final del túnel y sugerirnos lo importante que es un neuvo empezar cada día, sino recordemos al mismo Borges, cuando dijo que de todos los instrumentos más asombrosos creados por el hombre, sin duda alguna, el libro es el mejor, porque es una extensión de la memoria y la imaginación

Y entonces ¿por qué se debe leer? ¿Por qué es importante leer? Más allá que la literatura, para algunos les parezca utopía (Keller), para otros es libertad como lo expresó Sontag. Muchas personas siguen pensando que varios de los autores mencionados, escribieron sus mejores obras con la finalidad de lucrarse y no es así. Ellos escribieron por distintas razones, pero el lucro no pasó por sus mentes. La mayoría de estos autores, siempre querían dejar alguna enseñanza para la vida y otros querían mostrar que la realidad - a través de sus novelas y metáforas - es más cruel de lo que parece, pero que siempre hay maneras de encararla por más que todo parezca sombrío y gris.

Concuerdo con Carlyle, cuando dice que la verdadera universidad - actualmente - es una verdadera colección de libros. Y no me refiero solo a los bibliófilos, sino también a todo aquel que disfruta y vive intensamente la lectura de un buen libro. Se aprende mucho y se pone en práctica lo aprendido, pues es cierto que los libros enseñan no solo a ser libres, sino a pensar y a conocer tierras vertiginosas y comarcas de sombras entre lo permitdo y lo prohibido, lo legítimo y lo excéntrico, como bien lo describe Amo Oz. Habiendo tantos libros, no encuentro razón para aquellos que dicen que solalmente debemos leer un solo libro. Parece que estas personas que opinan así, no saben que en la diversidad de libros, se encuentra el gusto. Lector que solo lee un libro, no es lector y jamás podrá ser buen investigador. Por eso, mi consejo es que no solo te cierres en un solo libro, busca la diversidad de libros y saca lo mejor de ellos. Mientras más lees, más te informas, más aprendes. Y si por ahí brotara alguna duda, no te asustes y aprende a investigar. Mientras más lees, más investiga y poco a poco aprenderás que las cosas que has creído siempre o las que te han dicho, no son como parecen.

Los libros precisamente tienen como finalidad abrirte no solo los ojos, sino también la mente. Los libros son el mejor camino para empezar un camino hacia el saber, la cultura y el conocimiento. Quien no valore la buena lectura, mejor será que no viva. Aprendí de un antiguo filósofo persa que "leer, te hace sabio", porque cuando lees, captas y aprendes. Además, leer ayuda mucho a mejorar tu léxico enriquenciéndolo. No en vano Alfonso V de Aragón decía que los libros fueron sus mejores consejeros. 

Recordemos pues, que solamente estamos de paso por esta efímera vida, que se asemeja tanto a un viaje, y qué mejor que llevar buenos libros en la maleta, ya que los libros, son los mejores viáticos que se ha encontrado para este humano viaje (Montaigne). 

¡Leer, aunque nos cueste la vida!
¡Que nada ni nadie nos quite el privilegio tan hermoso de leer!

Escrito por: David Efraín Misari Torpoco (Escritor y Filósofo)

     

sábado, 10 de octubre de 2015

Spinoza para Nietzsche

Friedrich Nietzsche a Franz Overbeck


Sils María, 30 de julio de 1881

¡Estoy asombrado y encantado! Tengo un precursor. ¡Y de qué género! No conocía casi aSpinoza y el que ahora me entrasen deseos de leerlo ha sido algo realmente instintivo. He hallado que no sólo su general tendencia es igual a la mía —hacer del conocimiento la pasión más poderosa—, sino también que coincido con él en cinco puntos esenciales de su doctrina, en los cuales aquel original y solitario pensador se acerca a mí grandemente, y que son: la negación del libre arbitrio, de la intención, del orden moral universal, de lo inegoísta y de lo malo. Aunque es cierto que la diferencia entre nosotros es enorme, ella depende, más que de nada, de la diversidad en época, cultura y ciencia. En suma: mi soledad que, como la altura en las elevadas montañas, me cortaba a veces la respiración, ha encontrado ahora un compañero. Es maravilloso.

Friedrich Nietzsche, Epistolario, Jacobo Muñoz (ed.), Biblioteca Nueva, Madrid, 1999, p. 168.

viernes, 2 de octubre de 2015

Algunas reflexiones sobre el amor

El amor solo debe engendrar amor. Sin embargo, hay muchos que se han olvidado no solo de amar a otros, sino también, de amarse a sí mismos. Lo triste es que a diario, las personas siempre van en busca "del amor", pero ¿realmente será amor lo que buscan? Para buscar amor, es porque estas personas no poseen amor, ya que nadie busca, lo que ya posee.
Muchos quieren entender lo que es el amor, pero se olvidan que el amor no posee definición alguna. Sobre el amor, han escrito poetas, dramaturgos, grandes pensadores, pero aun así, no se puede definir lo que es el amor en sí mismo. Aunque muchos sienten que aman, otros no logran comprender la fuerza del amor.
La pregunta que se hacen muchos es ¿realmente el amor produce bienestar o sufrimiento? Si el amor produce bienestar, entonces ¿por qué mucha gente sufre al amar? ¿acaso el amor no debe ser algo maravilloso que no deba causar dolor o pesar? Pero si muchos sienten que el amor les causa dolor o sufrimiento, entonces eso no es amor.
El amor solo produce bienestar, cuando se da, sin esperar nada a cambio. Cuando existe amor, uno nunca dice "Mira, yo te amo más que tú a mi", eso no es amor, es el ego. Sin embargo, hay algunos que dicen que cuando uno ama, no ve defectos en la otra persona, pero yo digo, que eso es falso, pues al contrario, cuando uno ama, uno ve los defectos en el ser amado, pero no para juzgarlo, ni humillarlo, sino para ayudarle a corregirlo y hacer que esa persona, reaccione y haga lo correcto.
Pero ¿qué significa hacer lo correcto por amor? Dejarlo todo por amor, suena demasiado extremista, pero aunque no se crea, es parte de un amor verdadero. Durante algún tiempo medité y llegué a reflexionar que cuando uno ama realmente a una persona, no le importa si tiene que hacer el ridículo ante los demás, porque para esa persona, no es un acto ridículo, sino un acto de amor. Las demás opiniones aquí, no cuentan. 

Una persona por amor, entrega hasta su propia vida, pero siempre y cuando ame de verdad. Caso contrario, cuando existen dudas acerca del amor que se tiene, simplemente uno no llega a realizar nada, y no porque no quiera, sino porque no le nace hacerlo. Por demás queda decir que, el amor se demuestra con hechos.
Y para los que aun creen que una muestra de amor, es la comprensión, la confianza o la comunicación, están equivocados, ya que esos son elementos que se producen para afianzar la relación en una pareja, pero no son muestra de amor. La única muestra de amor que yo encontraría es el sacrificio y el apoyo.
Por sacrificio, entiendo que una persona debe dejar muchas veces de hacer lo que le gusta, por pasar más tiempo con su pareja, pues si la ama realmente lo hará, y no por "cumplir", sino porque realmente le nacerá. Si antes se dedicaba a otras actividades (cuando estaba solo), ahora dedicará parte de ese tiempo a pasarlo con la pareja, porque no hay nada más hermoso que pasar tiempo con la persona que se ama.
Por otra parte, el apoyo, es fundamental en toda pareja. No importa si son de distintas profesiones, de distintas clases sociales, de distintos pensamientos, creencias e ideologías, ya que el amor no ve eso y más mucho más allá de todo ello. El apoyo a la pareja es necesario, no porque quieras, ni porque "debas hacerlo", sino porque le nacerá hacerlo, si realmente uno ama a la otra persona.
Cuando hay apoyo de la pareja, ambos deben crecer en sus distintas obligaciones y actividades, nadie debe absorber al otro. Se deben respetar los tiempos y espacios, pero a muchas parejas les cuesta entender este aspecto. Mientras no lleguen a lograr este estado, temo decir que vivirán en conflicto al momento de no organizarce o ponerse de acuerdo para alguna labor.
Una pareja está para comprenderla, entenderla y hacerla feliz, no para juzgarla, criticarla, humillarla y mucho menos compararla. Este último aspecto, es el error más frecuente que cometen muchas parejas al momento de "comparar" a la persona que tienen al lado, con otras.
Siendo esto una breve reflexión sobre el amor, solo queda recordar que la máxima muestra de amor, no es la comprensión, sino el sacrificio y el apoyo, pues una pareja está para apoyar a la otra, y no para recriminarlo o humillarlo, ya que si hace eso, entonces, no es amor.
Lo invito a pensar en ello.

Escrito por: Dhartorius (Oct. 2015)

lunes, 7 de septiembre de 2015

INSULTOS EN LATÍN


NVGAE 

Por: Pedro Luis Cano Alonso



Perfide! = Traidor, pérfido.

Para los romanos la fides es un concepto amplio que se basa en la credibilidad ganada mediante el cumplimiento de los compromisos. Puede usted tranquilamente llamar “Perfide!” a su marido/esposa infiel, al cuñado que no le devuelve el préstamo y al político que no ha cumplido sus promesas, o sea a todos.

Crudelis! = Cruel, insensible, inhumano.

Si es tan grave, diga Crudelissime!

Otras sugerencias:

Si lo que quiere usted es aludir a la falta de sensatez de su oponente, puede usted llamarle:

Caudex! o Stipes!, se refieren a la consistencia lígnea del cerebro de su adversario.

Imbecillis! o Imbecille!, (faltos de báculo) a su indefensión intelectual.

Stulte! o mejor, Stultissime! o StolideStolo! , a la capacidad de razonar.

Fanatice! o Nequissime!, a la dureza de mollera que produce tener ideas fijas.

Amens!, a la imprudencia.

Tal vez le agrade recurrir a metáforas del mundo animal:

Pecus! o Vervex!, equivalente al español “Borrego”.

Hirce!, más sonoro, como “Cabrón!”

Sus!, “Cerdo!”

Entre los insectos y los batracios, se recomienda (usted sabrá escoger la oportunidad):

Cimex!, Chinche!  

Hirudo!, Sanguijuela!

Bufo!, Sapo!

Aludir a las costumbres sexuales es políticamente incorrecto. Aún así, allá usted si quiere llamar a alguien:

Impudice!, Fresco! o inmoral!

Pathice! o Cinaede!, algo así como “Maricón!”

También puede decir Mollis!, lo mismo que antes pero en diminutivo

Mentula!, como “Pijo!”, más grosero incluso.

Spado!, castrado o impotente, algo así como “Capón!”

Si tiene usted el día despectivo:

Vetule!, algo así como Anticuado!

Pusille!, Microbio!

Y si se siente escatológico:

Merda! o Merdose!, Mierda! o de Mierda!

Cacate! o Cacator!, Cagado!, Cagón!

Sordes!, como Basura!


lunes, 24 de agosto de 2015

Ser uno mismo

En la vida, no hay nada más preciado que la libertad humana. Aunque para muchos, la idea en la cual el hombre pueda llegar a ser libre, no es más que una quimera o una utopía, pero para mí, la libertad del hombre es posible, por el tan solo hecho de elegir su propio destino. 
Veo a muchos en la sociedad que les gusta la "competencia", disfrutan ser mejores que los otros y demostrarlo a cada momento de sus vidas, sin importarles pisotear al más débil para alcanzar sus propósitos. Otros, aparte de esto, buscan más y van en pos de lograr la cima, el trono, el cielo, y también no les importa tener que asesinar a quien esté a su costado, por obtener el vil puesto. Ellos dicen "Si es necesario vender a mi madre, la vendo, con tal de obtener mi propósito". Estos también son capaces de apuñalar al amigo y a causa de esta iniquidad, es el inocente siempre, quien paga las consecuencias de estos nefastos hombres.
La sociedad cada vez se ha vuelto no solo transgresora de las leyes, sino también transgresoras de sus propios principios y transgresoras de su propio código moral. No soy moralista, pero al menos vivo encerrado en cuatro paredes, donde no me hace falta salir para ver que la situación de los hombres "allá afuera" (en el mundo exterior) es cada vez más deplorable. 
Estos viles hombres aman la competencia, pero no respetan al competidor. Están dispuestos a la lucha, pero solamente para poder dar el golpe bajo y luego rápidamente, esconder la mano. Estos hombres han dejado de ser licantropos, para convertirse en ratas, buitres y hienas embusteras con tal, los cuales solo aprovechan la oscuridad para cometer sus infamias y alimentarse de la carroña (de estas infamias) al día siguiente. 
Si el amor ha muerto, no hay duda que la sociedad también, por eso, yo ya no hablo de "sociedad" (societas) sino de "suciedad". Incluso muchas veces, aquellos pocos hombres íntegros, también se van contaminando con el estupor y el moho de toda esta lacra popular. A estos viles hombres, les gusta el juego, pero no para jugar bajo las reglas, sino para aprovechar el momento y emplear sus trampas. Y aunque el destino de todo tramposo es la "victoria", esta solo será externa, porque en el fondo de ellos, saben que siguen siendo los perdedores de siempre. Sin embargo, son los malos hombres los que se jactan y disfrutan de sus torcidos y ficticios triunfos ante los demás. El buen hombre, no necesita la "aprobación" para ser bueno. El buen hombre, no necesita de grandes honores o grandes títulos para saber lo que es. Simplemente lo es y punto.
En lo personal, no me considero hombre recto, ni probo, pero al menos mi consciencia está tranquila porque vivo sin hacer daño a los demás y refugiado en mis escritos, lecturas y pensamientos. Me tomo la libertad de criticar o reprender si algún acto me parece "malo", pero siempre dispuesto a enmendar mi error, si en algo me he sobrepasado u excedido. 
No me gustan las fiestas sociales, ni los lugares donde transitan demasiadas personas, y aunque he sido muchas veces criticado por ello, no me importa (y no por decir esto, sea yo grosero, sino sincero). En cuanto a las competencias y los juegos que hay en la vida, donde veo a muchos participantes que juegan a ser "el mejor" para demostrar superioridad ante los demás, me parece un chiste y una pérdida de tiempo. En mi caso, no tengo que competir con nadie. Ni ser superior, ni ser inferior a alguien. Tampoco siento la necesidad de demostrar al mundo que soy "el mejor", y no me importa si me consideran el peor. No pasa por mi mente ser el número uno de las cosas que hago en mi vida. Pero si me preguntan "¿Entonces a qué aspiras?" Solamente respondería que a lo único que aspiro es, a seguir siendo yo mismo. Así soy y así -en mi mundo- sigo siendo libre. 
A la libertad a la cual yo me refiero, es a la libertad de pensamiento y de expresión. Un tema ya tratado por muchos, pero llevado a la práctica por tan solo algunos pocos. Reflexionemos pues, y los invito siempre, a seguir siendo ustedes mismos.

Qui intellectum habeat, ut intellegant.
(Quien tenga entendimiento, que entienda)

Escrito por: David E. Misari Torpoco (Agosto 2015)



viernes, 17 de julio de 2015

Curso de Latín Jurídico - Julio 2015

Actualmente el mundo del derecho sigue evolucionando, sobre todo en las materias procesales, lo cual hace que la praxis jurídica de los abogados litigantes, siga en aumento. Sin embargo, muchos profesionales del derecho se olvidan de alimentar parte de su cultura jurídica y su formación humanística, y quizá eso se deba a que a diario están destinados a resolver los problemas de los demás, muchas veces olvidándose de los propios. Norberto Bobbio decía que si un abogado deseaba ser completo, no solo tenía que conocer la parte práctica del derecho, ni tampoco quedarse solo con la teoría, sino también, debía de saber latín. 

¿Por qué un abogado debería saber latín? Por tres razones fundamentales:

1. Porque es parte de su formación cultural, humanística y jurídica. No se debe olvidar que el derecho se institucionalizó en Roma (antigua), los cuales tenían al latín, como su lengua oficial.

2. Porque la gran mayoría de máximas y aforismos del derecho, los cuales en la actualidad, forman parte de los principios jurídicos en cada materia, fueron escritos en latín.

3.  Porque la mayoría de los grandes textos jurídicos, no solo los antiguos (como los de Cicerón), sino también los textos jurídicos modernos, de autores como Grocio, Pufendorf, Wolff y otros, fueron escritos precisamente en latín.

Es por eso que la Escuela Iberoamericana de Postgrado y Educación Continua (ESIPEC) se preocupa por brindar al profesional del derecho, un curso tan importante para su formación, como lo es el de LATÍN JURÍDICO, a cargo de los docentes David Misari Torpoco (UIGV - Derecho y Ciencias Políticas), quien próximamente publicará su nuevo libro "Latín Jurídico" y Jonathan Abanto Valverde (UNMSM - Lingüística) quien se ha especializado en el estudio de las lenguas clásicas, como el latín, griego y hebreo.

Este curso será llevado a partir del 14 de Julio 2015. Aquí el programa.



 


martes, 23 de junio de 2015

70 razones para salir con un filósofo

1. Porque los filósofos lo queremos conocer todo… especialmente ¡¡a tí!!
2. Porque siempre escucharemos tus ideas y además encontraremos la forma de entenderlas.
3. Porque si eres capaz de escucharnos sin volverte loco/a, podemos hacerte ver el mundo de mil maneras distintas sin salir de casa.
4. Porque te recitaremos bellos pasajes filosóficos en las noches de verano.
5. Porque tenemos toda una colección de palabras exóticas y extravagantes para definir lo más profundo de tu ser.
6. Porque haríamos lo imposible por ti: p. ej. Acercarte al mundo de las ideas a la cama.
7. Porque cuando hables nunca pensaremos que tus palabras son estupideces o tonterías, a lo sumo sólo sofismas.
8. Porque con nosotros las conversaciones nunca serán superficiales e insustanciales.
9. Porque si las cosas no funcionan bien o salen mal, nunca te daremos banales explicaciones, sino sólidos argumentos.
10. Porque para nosotros nunca serás un medio para un fin, sino un fin en sí mismo (y sabremos explicarte el porqué).
11. Porque nos preocupamos menos por la belleza física y más por la belleza en sí misma.
12. Porque sabemos qué es lo que está bien y lo que está mal, lo correcto y lo incorrecto, lo bueno y lo malo, lo verdadero y lo falso.
13. Porque podemos entender cualquier libro.
14. Porque a nuestro lado mejorarás tu vocabulario sí o sí.
15. Porque podemos salvar tu vida demostrándote que otra gente es más miserable que tú ética, lógica, epistemológica, ontológica, estética, óntica y hasta ¡meta-físicamente!
16. Porque en esta sociedad irreflexiva somos cada vez menos y más difíciles de encontrar. 
17. Porque siempre llevarás una enciclopedia contigo.
18. Porque podemos corregir a cualquiera con argumentos lógicos.
19. Porque nunca perderás una discusión si estamos de tu lado.
20. Porque sabemos cómo hacer parecer a otros idiotas dejándoles hablar y haciéndoles un par de inocentes preguntas una vez han acabado.
21. Porque sabemos darle la vuelta a las cosas, la peor situación puede convertirse... ¡en buena!
22. Porque sólo los filósofos podemos sacar referencias filosóficas a todo. Como que El Rey León es una película existencialista (El león que toma consciencia de la muerte a través de la muerte de su padre) y hedonista (el león que se vuelve un vividor al tomar contacto con un jabalí y un suricato).
23. Entendemos la política mejor que nadie.
24. Porque sabemos cómo matar falsos argumentos a martillazos.
25. Porque podemos darte clases de griego o latín gratuitas.
26. Porque podemos ser amantes ideales (es decir platónicos)
27. Somos sistemáticos y, por ellos, no dejamos ningún punto sin tocar.
28. No por nada fuimos nosotros quienes inventamos el hedonismo.
29. Conocemos un montón de posturas y posiciones diferentes y sabemos cómo llevarlas hasta las últimas consecuencias.
30. Porque estamos prestos a cualquier idea.
31. Porque sabremos entenderte y ayudarte cuando sufras una crisis existencial (siempre y cuando alguna vez salgamos de la nuestra).
32. Porque sabemos qué puedes saber, qué debes hacer y qué te toca esperar.
33. Porque si ya no te quedan opciones, estamos normalmente solteros (demasiado ocupados planteando la pregunta por el ser del ente).
34. Porque solipsísticamente nadie puede tener la autoestima más alta que nosotros: ¡¡cada uno de nosotros somos el dios de nuestra propia realidad!!
35. Porque a nuestro lado tus preguntas nunca sonarán absurdas.
36. Porque Aristóteles nos enseñó que el amor se define de muchas maneras.
37. Porque nosotros hemos aprendido que el amor se hace de muchas maneras.
38. Porque conocemos la diferencia entre mentira, sofística y retórica.
39. Porque nunca te mentiríamos: ¡estamos demasiados comprometidos con las verdad!
40. Porque podemos enseñarte mejor que nadie a tomarte la vida con filosofía.
41. Porque gracias a Sócrates, sabemos cuando no sabemos nada.
42. Porque nosotros inventamos el discurso del método.
43. Porque un filósofo nunca se queda sin tema de conversación.
44. Porque sabemos la etimología de las palabras, incluso sabemos la etimología de la palabra 'etimología'.
45. Porque nunca perdemos el tiempo, porque bien estamos leyendo algún libro o vamos siempre a lo esencial.
46. Porque si tienes un problema, somos capaces de darte un punto de vista diferente.
47. Porque saliendo con un filósofo aumentan las posibilidades de que tu hijo sea un/a estudioso o un/a intelectual.
48. Porque somos más creativos que los pedagogos: ellos tienen las técnicas de estudio; nosotros el conocimiento y el método para llegar a él.
49. Porque sabemos integrarnos en cualquier conversación cualquiera sea su temática. Por eso será más sencillo que no tengamos problemas al conocer a tus padres y nos llevemos bien con la mayoría de tus amigos.
50. Porque podemos ser tan idealistas o realistas como tú nos pidas (metafísica- o epistemológicamente hablando, claro).
51. Porque somos expertos en la deconstrucción del fundamento de tus problemas.
52. Porque nunca haremos nada malo o incorrecto a menos que vayan contra nuestra ética, lo cual sería irracional.
53. Porque gracias a la epogé sabemos cómo desconectar y dejar de escucharte, por lo que nunca tendrás que arrepentirte por las barbaridades que no hemos oído.
54. Porque sabremos que te queremos clara y distintamente.
55. Porque cada vez que tengas algún problema, podemos darte hasta cinco maneras de como resolverlo mediante un análisis ecuánime de las probabilidades aplicadas a tu caso.
56. Porque cuando no te puedas dormir, también podemos contarte los problemas más aburridos del mundo.
57. Porque el amor, como cogitatio, nos hace poder decir "te amo, luego existo".
58. Porque junto a los filólogos, somos los únicos capaces de entender a Chomsky, padre de la Lingüística moderna, pero además entendemos a Wittgenstein. (Filosofía del lenguaje)
59. Porque los abogados saben de leyes, nosotros sabemos el fundamento del derecho. (Filosofía del derecho).
60. Porque los científicos saben de ciencia, nosotros sabemos lo que la ciencia puede o no conocer (Filosofía de la ciencia).
61. Porque podrás presumir de la  biblioteca cuando tus amigos vengan a casa.
62. Porque no solo te amaremos a ti, sino también a todas tus determinaciones y formas de ser.
63. Porque después de leer a Kant podemos decir que tenemos una paciencia y templanza de acero.
64. Porque siempre aparecemos y te sacaremos alguna de las tantas citas célebres.
65. Porque una vez que te enseñemos qué es la ataraxia y cómo lograrla te ahorraremos una fortuna en medicamentos y terapias anti-estrés.
66. Porque siempre le daremos el toque distinguido e ilustre a las tertulias familiares.
67. Porque conocemos la diferencia entre 'aprender' y 'aprehender'.
68. Porque podemos explicar el matiz que distingue 'entender' de 'comprender'.
69. Porque nuestro espíritu crítico nos hace estar en constante revisión de nosotros mismos para conseguir una mejora, cada día nos acercamos más a la perfección.
70. Pero sobre todo porque para nosotros, para nosotros... ¡filosofía eres TÚ!

jueves, 28 de mayo de 2015

HUGO BOXEL Y BENEDICTUS SPINOZA: SOBRE LOS ESPÍRITUS


La pregunta acerca de los "fantasmas", "espíritus" o "espectros", es algo que siempre inquieta a algunos hombres, ya que desean conocer si realmente existen, o solo forman parte de alguna imaginación pueril. Pues bien, aquí dejo la correspondencia entre el erudito jurista Hugo Boxel y el filósofo holandés Benedictus Spinoza, debatiendo de manera epistolar, sobre este tema.



Carta LI: Al agudísimo filósofo B. d. S. de Hugo Boxel, Doctor en Leyes.


Ilustrísimo señor,
El motivo por el cual le escribo es porque deseo conocer su opinión sobre las apariciones y los espectros o fantasmas y, si existen, saber qué piensa usted de ellos, y cuánto tiempo cree que dure su vida; ya que unos creen que son inmortales, y en cambio otros opinan que están sujetos a la muerte. Mientras tenga esta duda, me será agradable continuar hasta que sepa su parecer. Entre tanto, es cierto que los antiguos han creído en su existencia. Los teólogos y los filósofos modernos han admitido hoy en día la existencia de criaturas de este género, aunque sobre su esencia no concuerden. Algunos sostienen que están compuestos de una materia tenuísima y sutilísima, y otros afirman que son espirituales. Pero tal vez (como ya lo dije al inicio) nosotros estemos en gran desacuerdo, ya que dudo que usted admita la existencia de estos seres; aunque, como usted no ignora, encuentros suyos se encuentran registrados en toda la antigüedad, y son tantos los casos y relatos que resulta difícil negarlos o ponerles en duda su existencia. Sin embargo, una cosa es segura, y es que si usted admitiera su existencia, usted no diría, como hacen los defensores de la fe romana, que se tratan de las almas de personas fallecidas. Me detendré aquí y esperaré su respuesta. No diré nada de la guerra 1, ni de los rumores que corren, de por qué nos ha tocado vivir en estos tiempos, etc. Adiós.

                                                                                                                                14 de septiembre de 1674.

Carta LII: Al eminentísimo y prudentísimo señor Hugo Boxel de B. de S. (Respuesta)
    
    Eminentísimo señor:
Su carta, que he recibido ayer, me fue gratísima, tanto porque deseaba oír alguna noticia de usted, como porque veo que usted no se ha olvidado completamente de mí. Aunque algunas personas tal vez puedan dar malos presagios de que los fantasmas hayan sido el motivo por el que usted me escribiera; para mí es todo lo contrario, yo considero que es cosa importante; no sólo las cosas verdaderas sino también las menudencias e imaginaciones pueden serme útiles.

Dejo por el momento de lado la cuestión de si los espectros son parte de las ilusiones e imaginaciones; ya que, por lo que veo, le parece extraño negar su existencia, o tan sólo ponerla en duda, contando con tantas historias antiguas y modernas que los mencionan. La gran estimación y honor que siempre le he tenido, y que sigo teniendo por usted, no me permiten contradecirle, aunque bien tampoco pienso aludirle. Usaré un término medio y le pido de favor que de todas las historias de espectros que usted conoce, escoja una o dos de ellas; la que deje menor lugar a dudas y muestre lo más claramente que los espectros existen. Debo admitir que nunca he leído a un autor digno de fe que muestre claramente su existencia. Y hasta ahora sigo ignorando lo que son y ninguna persona me lo ha podido decir: Sin embargo, es cierto que tenemos que saber lo que es una cosa cuando la experiencia nos la muestra tan claramente; si no es así, resultará difícil que la existencia de los espectros surja sólo de meras historias; lo que surge es la existencia de algo que nadie sabe lo que es. Si los filósofos quieren nombrar "espectros" a aquello que no conocemos, no negaré su existencia, porque hay un número infinito de cosas que yo ignoro.

Por último, señor eminentísimo, antes de que me explaye más ampliamente sobre esta materia: Dígame qué son esos espectros o espíritus. ¿Son acaso niños, tontos o locos? Porque, por todo lo que he oído acerca de ellos, parecen ser más apropiados a los seres privados de razón que a los de buen sentido, y para decirlo de la mejor manera, se asemejan a cosas infantiles, o a las diversiones de los locos. Antes de terminar, sólo voy a comentar que, el deseo que tiene la mayor parte de los hombres de narrar las cosas, no como son realmente, sino como quieren que éstas sean, es muy reconocible en las historias de fantasmas y de espectros. Igual que la esperanza que ellos tienen de hacerse conocer, ya que por medio de estas narraciones de espectros y fantasmas resulta ser más fácil que haciéndolo con historias serias. La razón principal de esto es, creo yo, por la ausencia de más testigos que los mismos narradores, con lo que pueden inventar a su discreción, añadir o eliminar las circunstancias que les plazca, sin temor a un rival que les contradiga. Así, inventarán esas historias para justificar, a sus ojos, el terror que tienen de sueños y visiones, y algún otro para incrementar su valentía, para consolidar su autoridad y valor de su opinión. Otras razones me hacen dudar si las historias en sí mismas, al menos las de estas circunstancias narradas, y que más contribuyen, deben ser consideradas para tratar de inferir algo de estas historias. Me detendré aquí, hasta que conozca cuáles son las historias que lo tienen convencido a tal punto, que considera que dudar de ellas es algo absurdo, etc.

Carta LIII: Al agudísimo filósofo B. d. S. de Hugo Boxel (Respuesta)

Agudísimo señor,
No esperaba otra respuesta que la que usted me ha enviado, de un amigo que sostiene una opinión adversa a la mía. No me preocupa lo que venga: siempre es permitido que en materias indiferentes los amigos estén en desacuerdo de opinión, mientras quede a salvo su amistad.

Quiere usted saber, antes de dar su opinión, qué le digo yo que son esos espectros o espíritus, si niños, tontos o locos, y agrega que todo eso que ha oído de ellos parece más provenir de seres privados de razón que de seres con sentido común. Pero es verdadero el proverbio que dice que una opinión preconcebida impide indagar en la verdad.

Aquí entonces por qué yo creo en los espectros. Primero, porque importa a la belleza y a la perfección del universo que existan. Segundo, porque es verosímil que el Creador los haya creado, porque estos seres se parecen más a Él que las criaturas corpóreas. Tercero, porque así como existe el cuerpo sin alma, también existe el alma sin cuerpo. Cuarto, en fin, porque creo que en los lugares superiores del aire, región o espacio, no hay ningún cuerpo oscuro que no tenga sus propios habitantes; y por consiguiente, que el inconmensurable espacio, que se encuentra entre nosotros y los astros, no está vacío, sino repleto de habitantes espirituales; tal vez aquellos que están más lejanos son los verdaderos espíritus, aquellos que está más abajo, en la región inferior del aire, son criaturas de una sustancia sutilísima y tenuísima, y además invisibles. Opino, entonces, que existen espíritus de todo género, excepto, quizás, de género femenino.

Este racionamiento de ningún modo convencerá a aquellos que creen fácilmente que el mundo ha sido creado por azar. La experiencia cotidiana muestra, además de las razones precedentes, que existen espectros sobre los cuales tenemos muchas historias tanto modernas como antiguas. Se pueden encontrar historias de espectros en Plutarco, en su libro De viris illustribus, además de otras obras suyas; en las Vidas de los Césares de Suetonio y también en Weyer y en Lavater, que en sus libros sobre los espectros han tratado prolíficamente esta materia, recogiendo los relatos de toda clase de escritores. También Cardano, que es célebre por su erudición, habla de los espectros en sus libros De SubtilitateDe Varietate, y en aquel que escribe sobre su propia vida, que relata las apariciones con que fue favorecido de sus familiares y amigos. Melanchthon, hombre prudente y amante de la verdad, entre otros, rinden testimonio de las experiencias que tuvieron ellos mismos. Cierto cónsul, hombre docto y sabio, que todavía vive, me contó una vez que en la cervecería de su madre, se oía trabajar tanto de noche como de día, de manera similar a cuando se cocinaba y decantaba la cerveza; y declaraba que esto se había reproducido en muchas ocasiones. Este relato me ha obligado a creer en la existencia de los espectros; además de las experiencias y por las razones que he dicho más arriba.

En cuanto a espíritus malvados que atormentan a los hombres desdichados en y después de esta vida, y que practican magia, pienso que esas historias contadas son fábulas. Encontrará usted en los tratados que se ocupan de los espíritus una serie de circunstancias detalladas. Además de los que he citado, puedes usted consultar, si lo ve conveniente, a Plinio el Joven, libro VII, en carta a Sura, Suetonio, en el capítulo XXXII de suVida de Julio César, Valerio Máximo, capítulo VIII del libro I, parágrafos VII y VIII, y Alejandro de Alejandro en su obra Dies Geniales: estoy seguro de que estos libros te serán accesibles. No hablaré de los monjes y clérigos que reportan apariciones y visiones de ánimas, espíritus y espíritus malignos, y tantos cuentos o, por decirlo mejor, fábulas de espectros, que uno se avergüenza de leerlos, y que, por su abundancia, causan tedio al lector. Un jesuita, Tiraseo, en su libro sobre apariciones de espíritus, también trata estas cosas. Pero esta gente trata estos temas más movida por un deseo de lucro y para hacer creer en el purgatorio, que es para ellos una mina de la que extraen tantísimo oro y plata. Pero éste no es el caso para los escritores citados más arriba y los otros escritores modernos, que son imparciales y ameritan, por lo tanto, mayor confianza.

A manera de respuesta a su carta donde habla de los tontos y locos, doy aquí la conclusión del erudito Lavater con la que finaliza así su primer libro sobre Los espectros y fantasmas con estas palabras: "Quien ose desafiar la palabra de tantos unánimes testimonios, tanto antiguos como actuales, lo considero indigno de mi confianza. Si, en efecto, es un signo de ligereza dar crédito a todos esos que pretenden haber visto algunos espectros, será una imprudencia distintiva el negar infundada e imprudentemente lo que es afirmado en tantas historias dignas de fe, de Padres de la Iglesia, y de otras grandes autoridades."
       
                                                                                                                                              21 de septiembre de 1674.

Carta LIV: Al eminentísimo y prudentísimo señor Hugo Boxel de B. de S. (Respuesta)

Eminentísimo señor,
Me basaré en lo que usted dice en su carta del 21 del mes pasado en relación al tema de los desacuerdos de opinión que, cuando tratan sobre un punto indiferente, no pueden perjudicar a la amistad, y le diré sin rodeos mi sentimiento sobre las razones y los relatos de donde ha sacado la conclusión de que existen fantasmas de todo género, excepto quizás de género femenino. Si no le había respondido antes, se debe a que no tenía a la mano los libros que usted ha citado y que además de Plinio y Suetonio no había podido conseguir. Esos dos autores, no obstante, me salvaron del problema de consultar otros, porque estoy convencido de que todos ellos se equivocan al razonar de una misma manera y aman las historias extraordinarias que dejan atónitos a los hombres y les deleitan en admiración. Confieso mi asombro, no tanto ante las historias, sino ante los narradores. Me admiro de que hombres dotados de inteligencia y de juicio usen su talento en escribir para persuadir con tonterías de ese estilo.

Pero dejemos a los autores a un lado para considerar el tema por sí mismo: en primer lugar razonaré un poco sobre su conclusión. Vamos a ver si soy yo, quien niega que existan espectros o espíritus, comprendiendo mal a estos autores, que han escrito sobre el tema; o si es usted, quien admite que tales seres existen, dando importancia a las narraciones hechas por esos escritores más de lo que ameritan. Que por una parte usted no ponga en duda la existencia de espíritus del género masculino y, por otra parte, dude que existan del género femenino, me parece más bien una fantasía que una duda razonada. Si tal fuese verdaderamente su opinión, parecería más bien estar de acuerdo con la imaginación del vulgo, que afirma que Dios es de género masculino y no femenino. Y me sorprende que los que han visto a los espectros desnudos, no hayan postrado sus ojos sobre sus partes genitales, lo cual habría removido toda duda; quizás habrá sido por temor, o porque ignoran la diferencia. Contestará usted que esto es burlarse, no un razonamiento; y así comprendo que sus razones le parezcan tan sólidas y tan bien fundadas, que nadie (al menos a su juicio) podría contradecirlas; sino alguien perverso, que crea que el mundo es un producto del azar. Esto mismo me urge, antes de examinar sus razones precedentes, a exponer brevemente mi opinión respecto a la afirmación de que el mundo ha sido creado por azar. Pero respondo que, así como es cierto que lo fortuito y lo necesario son dos cosas contrarias, también es evidente que quien afirme que el mundo es un efecto necesario de la Naturaleza Divina, niega también enteramente que el mundo sea un resultado del azar: en cambio, si afirma que Dios pudo haber omitido la creación del mundo, confirma, si bien en otros términos, que éste ha sido hecho por azar; puesto que proviene de una voluntad que pudo no ser. Pero como esta opinión o sentencia es básicamente absurdo, por lo general se acuerda unánimemente que la voluntad de Dios es eterna y que nunca ha sido indiferente. Por lo tanto se debe también reconocer (téngalo bien en cuenta) que el mundo es un efecto necesario de la Naturaleza Divina. Llamen a esto voluntad, entendimiento, o con cualquier otro nombre que les agrade, con todo, llegan finalmente a la conclusión de que expresan una sola y misma idea con nombres diversos. Pues, si se les pregunta si la Voluntad Divina no difiere de la voluntad humana, responderán que la primera no tiene de común con la segunda sino el nombre. Aunque la mayoría estará de acuerdo en que la Voluntad, el Entendimiento, la Esencia o la Naturaleza de Dios son una sola y misma cosa; así como yo también, para no crear confusión entre la Naturaleza Divina y la naturaleza humana, no asigno atributos humanos a Dios, tales como Voluntad, Entendimiento, atención, audición, etc. Repito entonces que el mundo es un efecto necesario de la Naturaleza Divina y que no ha sido creado por azar.

Considero que con esto será suficiente para convencerle de que la opinión de esos que hablan (si es verdad que los hay) es de un mundo obra del azar en todo caso contraria a la mía, y así basado sobre esta hipótesis, paso ahora a examinar las razones de donde usted concluye que existen espectros de todo género. Lo que puedo decir de una manera general de lo que dice, es que parecen ser conjeturas que razones, y me es difícil creer que usted las tenga por razonamientos demostrativos. Pero veamos si, conjeturas o razones, se les puede estimar por bien fundadas.

Su primera razón es que la existencia de espectros importa a la belleza y a la perfección del universo. La belleza, eminentísimo señor, no es tanto una cualidad del objeto que se contempla, sino un efecto producido en el que lo contempla. Si nuestros ojos fuesen más largos o más cortos de vista, o si nuestro temperamento fuese otro, las cosas que ahora nos parecen bellas nos parecerían feas, y las que ahora nos parecen feas se volverían bellas. La mano más bella vista al microscopio, parecerá terrible. Ciertos objetos que vemos bellos de lejos, son feos cuando se los ve de cerca; de forma que las cosas consideradas en sí mismas, o referidas a Dios no son bellas ni feas. Por lo tanto, quien afirme que Dios ha creado el mundo para que fuese bello, debe necesariamente admitir o bien que Dios ha hecho el mundo adaptado al apetito y los ojos del hombre, o bien que ha hecho el apetito y los ojos del hombre adaptados al mundo. Pero lo que se admita por una u otra parte, no veo por qué Dios habría de crear los espectros y espíritus, a fin de conseguir uno u otro de esos objetivos. La perfección y la imperfección son denominaciones que no difieren mucho de las de la belleza y de la fealdad. Para no ser demasiado prolijo, preguntaré solamente: ¿En qué contribuye más al ornato y a la perfección del mundo el que existan espectros o multiplicidad de monstruos tales como centauros, hidras, arpías, sátiras, grifos, argos y otras muchas locuras semejantes? ¡Ciertamente el mundo estaría bien adornado, si Dios lo hubiera ordenado de acuerdo al capricho de nuestra fantasía y decorado con seres que cualquiera, sin pena alguna, fácilmente inventa con una imaginación en delirio, pero que el entendimiento no puede concebir jamás!

Su segunda razón es que, como los espíritus, más que las otras criaturas corporales, expresan una imagen de Dios, resulta entonces verosímil que Dios los haya creado. En primer lugar confieso que hasta ahora ignoro por qué los espíritus expresan a Dios mejor que las otras criaturas. Lo que sé es que entre el finito y el infinito no existe ninguna proporción: de tal suerte que la diferencia entre la criatura más grande y la más eminente y Dios no es otra que la que hay entre Dios y la criatura más pequeña. Esto entonces no tiene ninguna relevancia. Si de los espectros tuviera una idea tan clara como aquella que tengo del triángulo o del círculo, no tendría duda alguna de que fueron creados por Dios. Pero como por el contrario la idea que tengo de ellos es de la misma naturaleza que las ideas que tengo de las arpías, los grifos, las hidras, etc., que surgen de mi imaginación, no puedo considerar a los espectros de otro modo sino como sueños, que difieren tanto de Dios como el ser del no-ser.

Su tercera razón (que sostiene que así como existe el cuerpo sin alma, así también debe existir el alma sin cuerpo) no me parece menos absurda. Dígame, se lo ruego, ¿no es acaso igualmente verosímil que existan la memoria, la audición, la visión, etc., sin cuerpos, puesto que encontramos cuerpos sin memoria, sin audición, sin visión? ¿O lo mismo la esfera sin el círculo, dado que existe el círculo sin la esfera?

Su cuarta, y última razón, es idéntica a la primera, y me remito a la respuesta que he hecho. Aquí señalaré solamente que ignoro cuáles puedan ser esos lugares superiores e inferiores que usted concibe en el espacio infinito, a no ser que usted no piense que la Tierra es el centro del universo. En efecto, si el Sol o Saturno fuesen el centro del universo, el Sol o Saturno, y no la Tierra, serían el inferior. Haciendo caso omiso de esto, entonces, infiero que estas y otras razones semejantes no convencen a nadie de que existan espectros o fantasmas de todo género, excepto a aquellos que, cerrando los oídos del entendimiento, se dejan seducir por la superstición; la cual es tan enemiga de la recta razón que, para menoscabar el prestigio de los filósofos, tiene más bien fe en las vejezuelas.

En cuanto atañe a las historias, he dicho ya, en mi primera carta, que no son los hechos en sí mismos los que niego por completo, sino la conclusión que de ellas infieren. A esto agrego que no les considero tan dignos de fe como para no dudar de las muchas circunstancias que muy a menudo suelen agregar, más a manera de ornamento que para hacer más eficaz la verdad de la historia o para establecer más sólidamente eso que quieren concluir de su relato. Había esperado que, entre tantas historias que usted me mencionara, al menos hubiera uno que no permitiese la menor duda y que demostrase clarísimamente la existencia de espectros o fantasmas. Lo que cuenta el cónsul que usted menciona, que en la cervecería de su madre escuchara espectros trabajar en la noche, como solía escuchar trabajar de día, y que quiera inferir que éstos existen, me parece digno de risa. Del mismo modo, me parecería demasiado largo examinar aquí todas las historias que sobre estas tonterías se han contado. Para ser breve, me remito a Julio César que, de acuerdo al testimonio de Suetonio, se reía de todas estas cosas, y sin embargo era feliz, conforme lo que cuenta Suetonio en el capítulo 59 de la vida de este príncipe. Y del mismo modo, todos aquellos que examinen la imaginación de los mortales y el efecto de las pasiones, deben reírse de tales cosas; o de lo que sea que Lavater y otros, que con él soñaron sobre este asunto, produzcan en contra.

 Carta LV: Al agudísimo filósofo B. d. S. de Hugo Boxel (Respuesta)

Agudísimo señor,
Respondo algo tarde a la exposición de sus opiniones, porque una pequeña enfermedad me había privado del placer de mis estudios y meditaciones y me había impedido escribirle. Ahora, gracias a Dios, estoy completamente restablecido. En mi respuesta seguiré paso a paso su carta, pero no me detendré en las dificultades que usted ha dado a aquellos que han escrito sobre los espectros.

Así entonces, decía que a mi juicio no existen espectros de género femenino porque niego que exista procreación entre ellos. En cuanto a su forma exterior y composición no digo nada, porque realmente no me concierne. Se dice que algo ha sucedido por azar cuando ha tenido lugar independientemente de la intención del autor. Cuando se remueve la tierra para plantar una vid o al cavar un hoyo para hacer una sepultura, y se encuentra un tesoro sin haberlo nunca pensado, decimos que esto ha sucedido por azar. Pero de alguien que obra por su libre albedrío, siendo que pudo igualmente no haber obrado, no se dirá jamás que obra por azar, porque, si se dice así, todas las acciones humanas tendrían un carácter fortuito, lo cual sería absurdo. Es lo necesario y lo libre, no lo necesario y lo fortuito, los que son contrarios. Y aunque la voluntad de Dios sea eterna, no se sigue de esto que el mundo sea eterno, porque Dios ha podido decidir desde la eternidad que crearía el mundo en un momento definido.

Niega usted, luego, que la voluntad de Dios haya sido alguna vez indiferente. Yo también, y no es necesario, como usted lo cree, considerar este punto con tanta atención. No es cierto que todos atribuyan a la voluntad de Dios un carácter de necesidad; esto, en efecto, involucra la necesidad. Porque atribuir a alguien una voluntad, es reconocer que éste puede, de acuerdo a su voluntad, actuar o no actuar. Si otorgamos a alguien la necesidad, deberá actuar necesariamente.

Por último, usted dice que no afirma de Dios ningún atributo que pertenezca al hombre, con el fin de no crear confusión entre la naturaleza Divina y la humana; hasta aquí apruebo este lenguaje: no podemos percibir de qué manera Dios obra, de qué manera desea, conoce, examina, ve, oye, etc. Pero si usted le niega todo poder de efectuar estas operaciones y declara falsas las ideas más altas que nos podemos hacer de él, si usted pretende que estas operaciones no son eminentemente y metafísicamente en Dios, entonces no puedo concebir más su Dios, y no sé más lo que usted entiende por esta palabra. Lo que no se percibe no debe por lo tanto ser negado. El alma, que es un espíritu y una cosa inmaterial, sólo puede intervenir con la ayuda de cuerpos muy sutiles, operando a través de fluidos. ¿Y cuál es la relación que hay entre el alma y el cuerpo? ¿De qué manera el alma obra con la ayuda de los cuerpos? Sin ellos es pasiva y, si ellos es problemática y el alma hace lo contrario de lo que cabría esperar. Muéstrame cómo se hace. Usted no puede, y yo tampoco puedo. Sin embargo, vemos y sentimos que el alma opera, y esto sigue siendo verdad a pesar de que no racionemos de qué manera se produce esta acción. De la misma manera, aunque no comprendamos cómo es que Dios obra y que no queremos atribuirle un modo de acción humana, no debemos por lo tanto negar de él que posea los modos de acción que se conceden eminentemente y de manera incomprensible a nosotros, tales como la voluntad, el conocer, el ver y el oír, no por los ojos o las orejas sino por el entendimiento. Del mismo modo que el viento y el aire pueden sin manos ni instrumentos destruir, alterar las regiones terrestres y las montañas , lo que es imposible al hombre sin el socorro de manos y máquinas. Si usted atribuye a Dios la necesidad, privándole de la voluntad y libre elección, se puede dudar si usted no exhibe ni representa al Ser infinitamente perfecto como un monstruo. Si usted quiere lograr su objetivo, habría que fundar su demostración de una manera totalmente diferente porque, a base de las razones que usted da, no encuentro nada sólido. Y si usted tiene éxito, hay otras que quizás tengan un peso igual a los suyos. Dicho esto, continuemos.

Exige usted, para probar que en el mundo existen espíritus, pruebas demostrativas, pero en el mundo hay muy pocas, y a excepción de las matemáticas, no se encuentra ninguna tan segura como deseemos; por lo que nos contentamos con conjeturas probables y verosímiles. Si las razones con las cuales se prueban las cosas fuesen demostraciones, sólo encontraríamos a los tontos y a los tercos para contradecirlos. Pero, querido amigo, no somos tan bendecidos. En el mundo no somos tan precisos, pues hacemos, hasta cierto grado, conjeturas, y en los razonamientos, a falta de demostración, asumimos lo probable. Esto es evidente en todas las ciencias, tanto divinas como humanas, que están llenas de controversias y de discusiones; su multiplicidad es la causa de que se encuentren en todas sentencias diversas. A causa de esto, hubo antiguamente, usted lo sabe, unos filósofos, llamados escépticos, que dudaban de todo. Discutían en pro y en contra para conseguir, a falta de razones verdaderas, solamente lo probable, y cada uno de ellos creía eso que les parecía más probable. La Luna se encuentra justo debajo del Sol, y, por lo tanto, el Sol se oscurecerá en algún lugar de la Tierra, y si el Sol no se oscurece, mientras es de día, la Luna no está situada directamente debajo del Sol. Aquí tenemos una prueba demostrativa, que va de la causa al efecto y del efecto a la causa. Existen algunas demostraciones de este género, pero muy pocas, a las cuales nadie puede contradecir, con tal que las haya comprendido.

En cuanto atañe a la belleza, existen ciertas cosas cuyas partes son proporcionales respecto a las otras y están mejor compuestas que otras. Y Dios ha otorgado al entendimiento y al juicio humano una concordancia y armonía con la que lo que está bien proporcionado, y no con lo que está privado de toda proporción. Asimismo con los sonidos que estén de acuerdo o en desacuerdo: el oído sabe bien distinguir las consonancias y las disonancias, porque las unas procuran placer, las otras molestias. La perfección de una cosa también es bella en tanto que nada le falta. De ello existen numerosos ejemplos que omito para no ser demasiado prolijo. Consideremos solamente el mundo, que nombramos el Todo o el Universo. Si esto es verdad, como en efecto lo es, no es desfigurado o menoscabado por las cosas incorpóreas. Lo que usted dice de los centauros, hidras, arpías, etc., no tiene cabida aquí, pues nosotros hablamos de los géneros más universales de las cosas y de sus primeros grados, los cuales abarcan diversas e innumerables especies; a saber, de lo eterno y de lo temporal, de la causa y del efecto, de lo finito y de lo infinito , de lo animado y de lo inanimado, de la sustancia y del accidente, de lo corporal y de lo espiritual, etc. Digo que los espíritus se parecen a Dios porque Él también es espíritu. Usted exige una idea de los espíritus tan clara como aquella del triángulo, pero eso es imposible. Dígame, se lo ruego, qué idea tiene usted de Dios, y si acaso ella es para su entendimiento tan clara como la idea del triángulo. Sé que usted no tiene esta idea clara de Dios, y he dicho que no estamos tan bendecidos como para conocer las cosas mediante pruebas demostrativas y que, la mayor parte de las veces, en este mundo, prevalece lo probable. En absoluto afirmo que si existe un cuerpo sin memoria, etc., existe una memoria sin cuerpo, etc., y que si existe un círculo sin esfera existe también una esfera sin círculo. Esto es descender de los géneros universales a las especies particulares, y este razonamiento no es inteligible. Digo que el Sol es el centro del mundo, y que las estrellas fijas están más distantes de la Tierra que Saturno y éste más que Júpiter, y éste más que Marte; de modo que en el aire ilimitado existen cosas más próximas a nosotros, otras mas lejanas y esto es lo que podemos decir cuando hablamos de cosas más altas o más bajas.

Los que defienden la existencia de los espíritus no desacreditan a los filósofos, sino los que la niegan, porque todos los filósofos, tanto antiguos como modernos, han estado convencidos de que existen espíritus. Plutarco lo atestigua en su Tratado de las opiniones de los filósofos y en su Tratado del demonio de Sócrates; igualmente lo atestiguan todos los estoicos, los pitagóricos, los platónicos, los peripatéticos, Empédocles, Máximo de Tiro, Apuleyo y otros. Entre los modernos ninguno niega a los espectros. Por lo tanto, rechazar tanto a sabios testigos oculares y auriculares, tanto a filósofos e historiadores,que narran todo esto, afirma que todos los hombres son tontos e insensatos al nivel del vulgo. Esto no hace que sus respuestas no persuadan, ni evita que ellas no sean absurdas y no toquen el objeto propio de nuestra discusión, sin que diera alguna prueba que fortaleciera su opinión. César, igual que Cicerón y Catón, no se reía de los espectros, pero sí de los presagios y las premoniciones, y si él no hubiera hecho de Espurina una burla, sus enemigos no lo hubieran atravesado a puñaladas. Pero es suficiente por esta ocasión, etc.

 Carta LVI: Al eminentísimo y prudentísimo señor Hugo Boxel de B. de S. (Respuesta)

Eminentísimo señor,
Espero poder responder a su carta que me han entregado ayer porque, si esperara más, estaría obligado a posponer por mucho tiempo mi respuesta. El estado de su salud me habría angustiado, si no supiera que usted ha mejorado; espero que todo esté bien ahora.

Las dificultades que tienen dos personas, cuando ellas parten de principios diferentes, intentando llegar a un acuerdo sobre un tema, que depende mucho de otros y sus opiniones, podría mostrarse evidente en esta discusión sola como ejemplo, si no pudiéramos demostrarla por el razonamiento. Dígame, le ruego, si usted ha visto o leído a filósofos que hayan sostenido la opinión de que el mundo fue creado por azar, entendiéndolo en el mismo sentido que usted ha dicho, es decir, que Dios al crearlo se habría propuesto un objetivo y no hubiera producido eso que había decretado. No conozco que tal sea jamás haya entrado al pensamiento de ninguna mente y se me oculta igualmente con qué razones se empeña usted en persuadirme de que crea que lo fortuito ylo necesario no son contrarios. Tan pronto caigo en la cuenta de que los tres ángulos de un triángulo son iguales a dos rectos, niego en el acto que ello suceda por azar. De manera similar, tan pronto comprendo que el calor es efecto necesario del fuego, también niego que así sea por accidente. Que lo necesario y lo libre sean dos términos contrarios no es menos absurdo y repugnante a la razón: pues nadie puede negar que Dios se conoce a sí mismo y todas las cosas libremente y, sin embargo, todos conceden unánimemente que Dios se conoce necesariamente. De ahí que me da usted la impresión de que no establece diferencia alguna entre la coacción o violencia y la necesidad. Que el hombre quiere vivir, amar, etc., no están bajo una acción violenta, pero sí necesaria; y mucho más, que Dios quiera existir, conocer y obrar. Si, aparte de lo dicho, piensa usted que la indiferencia es sólo otro nombre para la ignorancia o la duda, y que una voluntad siempre constante y en todo determinada es una virtud y una propiedad necesaria del entendimiento, comprenderá que mis palabras están en completa armonía con la verdad. Si afirmamos que Dios pudo no desear un acontecimiento dado, o que no pudo adquirir su conocimiento, atribuimos a Dios dos libertades diferentes en naturaleza la una de la otra, la una necesaria, la otra indiferente; y consecuentemente concebimos la voluntad de Dios como diferente de su esencia y entendimiento, y caemos así de un absurdo a otro.

La atención, por la cual había alegado en mi carta precedente, parece no haberle sido necesaria. Esto ha sido la razón por la cual usted no ha dirigido sus pensamientos al punto principal, y ha dejado de lado lo que más importaba.

Usted dice enseguida que si rechazo admitir que la acción de ver, de oír, de ser atento, de voluntad, etc., están en Dios eminentemente, usted no sabe más qué tipo de Dios es el mío; lo que me conduce a sospechar que para usted no hay un punto de perfección más grande que aquel que se manifiesta por atributos de tal tipo. Eso no me sorprende, pues considero que el triángulo, si estuviera dotado de lenguaje, diría de la misma manera que Dios es eminentemente triangular, mientras que el círculo diría que la Naturaleza Divina es eminentemente circular. De este modo, cada uno daría a Dios sus atributos y se haría semejante a Dios, y toda otra manera de que fuera le parecería fea.

El espacio reducido de un carta y la falta de tiempo no me permiten explicarle a fondo mi opinión sobre la Naturaleza Divina, ni tampoco sobre las preguntas realizadas por usted, además que, contrastando las dificultades del objeto, no se pueden dar para eso razones. Es verdad que en el mundo actuamos frecuentemente por conjeturas, pero es falso que obtengamos nuestras meditaciones a base de conjeturas. En la vida cotidiana estamos obligados a seguir lo que es más verosímil, pero en nuestras especulaciones es a la verdad que nos acercamos. El hombre perecería de sed y de hambre si él no bebiera ni comiera después de haber sido perfectamente demostrado que los alimentos y la bebida le serán provechosos. Pero esto en la contemplación no ocurre así. Por el contrario, debemos tener cuidado de no admitir como verdadero algo que sea solamente verosímil, porque de una sola proposición falsa admitida, una infinidad seguirá.

De que las ciencias divinas y humanas estás llenas de disputas y controversias, no se puede inferir que todos los puntos que se traten sean inciertos. Para eso ha habido muchos que estuvieron dominados por el amor de la contradicción que incluso se burlaron de las demostraciones geométricas. Sexto Empírico y otros escépticos que usted cita, dicen que es falso que el todo sea mayor que la parte, y toman el mismo juicio sobre los demás axiomas.

Pero, dejando de lado esto y concediendo que nosotros, a falta de demostraciones, debemos contentarnos con verosimilitudes, digo que una demostración verosímil debe ser tal que, aunque podamos dudar de ella, no podamos, sin embargo, contradecirla; pues lo que se puede contradecir no es semejante a lo verdadero, sino a lo falso. Si digo, por ejemplo, que Pedro está vivo, porque lo vi ayer con buena salud, esto parece, ciertamente, verdad, en tanto que nadie pueda contradecirme. Pero si alguien más dice que vio un día antes al mismo Pedro en estado de síncope y cree que ha muerto, esto hace que mi afirmación parezca falsa. He mostrado muy claramente que su conjetura relativa a los espectros y fantasmas parece falsa, y ni siquiera probable, que no he encontrado nada que amerite consideración en su respuesta.

A su pregunta, de si acaso tengo de Dios una idea tan clara como del triángulo, le respondo afirmativamente; pero, si me pregunta si tengo de Dios una imagen tan clara como del triángulo, le contestaré negativamente: pues no podemos imaginar a Dios, pero sí entenderlo. Señalaré además, que yo no digo que conozco totalmente a Dios, sino que entiendo algunos atributos suyos, pero no todos ni la mayor parte, y es cierto que el ignorar la mayor parte no impide conocer algunos de ellos. Y lo cierto es que esta ignorancia de la mayor parte no me impide conocer algunos. Cuando estudié los Elementos de Euclides, conocí en primer lugar que la suma de los tres ángulos de un triángulo era igual a dos rectos, y percibí claramente esta propiedad del triángulo, aunque por el momento ignoraba muchas otras.

En cuanto a los espectros o fantasmas, aún no la llegado a mis oídos ninguna propiedad inteligible suya, pero sí características que les atribuyen por la imaginación y que nadie puede comprender. Cuando usted dice que los espectros y fantasmas se componen aquí, en las regiones inferiores (siguiendo su estilo, pues todavía ignoro por qué la materia de abajo sea menor que la materia de arriba), de una sustancia tenuísima, rarísima y sutilísima, me parece que usted habla de telarañas, aire o de vapores. Decir que son invisibles equivale para mí a decir lo que no son, pero no lo que son; excepto tal vez que usted quiera decir que se vuelven ahora invisibles, ahora visibles, y que la imaginación, como en todas las imposibilidades, encontrará una dificultad.

La autoridad de Platón, Aristóteles y Sócrates no vale mucho para mí. Me hubiera admirado que usted hubiera aducido a Epicuro, Demócrito, Lucrecio o a alguno de los atomistas y defensores de los átomos: no es de extrañar que aquellos que han inventado las cualidades ocultas, las especies intencionales, las formas sustanciales y otras mil tonterías, hayan excogitado los espectros y fantasmas y hayan creído las historias de las vejezuelas a fin de disminuir así la autoridad de Demócrito, cuya buena fama envidiaron tanto que llegaron a quemar todos los libros que él había editado con tanto encomio. Si usted está dispuesto a prestar fe a todas estas cosas, ¿cómo podría luego usted negar los milagros de la Virgen Divina y de todos los Santos, referidos por tantos celebérrimos filósofos, teólogos e historiadores, que por cada mil de éstos, no podría mostrarle un ejemplo en favor de los espectros? En resumen, distinguido Señor, porque me he extendido más de lo que quería; no deseo molestarlo más tiempo con estas cosas, que usted (lo sé) no me concederá, puesto que sigue principios muy diferentes de los míos, etc.