lunes, 30 de diciembre de 2013

La fiesta pagana del año nuevo: Marduk - Mesopotamia

 Al igual que la “navidad” tiene su origen en la ancestral fiesta pagana de los romanos “Las Saturnales” (Saturnalias), o incluso un poco más allá, con Zagmuk, en Mesopotamia, en honor a la resurrección del dios Marduk, en la cual, los antiguos babilonios celebraban el festival de Zagmuk con sacrificios y ofrendas. La celebración del “nuevo año” forma parte de esta y otras culturas antiguas, y se considera en muchas de ellas, como un “festival” en el cual, se tienen que dejar las cosas del pasado atrás, y afrontar una nueva etapa, llena de buenas vibras y energía, mediante la elaboración y práctica de algunos rituales. Si bien es cierto, hoy, ya no se danza o se practican rituales extraños, igual, en muchos países, siguen conservando algunas supersticiones para celebrar el fin de año, por ejemplo, las “doce uvas” que tiene un origen español, pero en muchos países latinoamericanos, se sigue practicando.
Cuando indagamos en la historia de “la celebración del año nuevo”, una primera fuente nos llega aproximadamente del año 3.000 a.C. en Mesopotamia. Si seguimos indagando, nos llevaremos muchas sorpresas, porque no solo la festividad del “año nuevo” proviene de ahí, sino también de otras antiguas culturas, como la sumeria, los acadios, etc. En el caso de los antiguos babilonios, se sabe que ellos fijaban su comienzo de año entre los meses de marzo o abril, basados en calendarios agrícolas, y en estas fechas, era donde precisamente celebraban un festival llamado “Akitu”, cuyas celebraciones giraban en torno al máximo dios del panteón babilónico, el gran Marduk (dios dragón) y lo celebraban en su templo (Esagila), un templo muy enorme, el cual se dice, que “probablemente” haya sido el que inspiró a los hebreos y su historia de la torre de babel. 
¿En qué consistía este festival de “año nuevo”?
Todo comenzaba cuando el sumo sacerdote de Marduk, en ese templo de Esagila, daba la bienvenida y la proclamación del gran dios. El pueblo babilonio dejaba su trabajo, abandonaba su casa por una semana y de ese modo, poder disfrutar de la gran festividad y el espectáculo que había en el pueblo. Luego, el rey de Babilonia, iba al templo del dios Marduk, se arrodillaba ante él y colocaba sus armas y su cetro, como muestra de sumisión y humildad, declarando no haber pecado nunca contra el dios. Durante los demás días, personas de distintos pueblos babilónicos venían a rendir cuentas con el gran dios Marduk, llevando a sus dioses (sus estatuas) con ellos, para luego “asearlos” y ungirlos con aceita, para después dejarlos purificados ante presencia de Marduk, pero para ello, organizaban una pequeña procesión. Y ahí, precisamente, era el momento para dar inicio al festival del año babilonio. Los antiguos babilonios, danzaban en las calles, iban vestidos con sus mejores prendas, todo eso mientras se dirigían al templo del dios Marduk. Por último, cada divinidad entonaba un cántico distinto, según fuera el carácter del dios lujurioso. Y aproximándose, ad portas para el año nuevo, se anunciaban grandes épocas venideras llenas de fortuna y abundancia, de ese modo, el pueblo babilónico quedaba satisfecho con sus dioses, y sobre todo, con el gran dios Marduk, por esta nueva etapa (nuevo año).
Por último, luego de haber estado con Marduk en el templo, los antiguos babilonios retornaban en caravanas a sus hogares, pero muy alegres, porque el pacto con el dios Marduk había sido renovado, y con el, el orden del mundo y sobre todo, la conservación de la vida del hombre.

¡Marduk les desea un feliz año 2014!

martes, 24 de diciembre de 2013

Algunos sabios consejos de Séneca

Lucius Annaeus Seneca, quien era conocido como "Séneca el Joven". Nació en Córdoba, 4 a.C. y falleció en Roma, el año 65 d. C. 

Fue un filósofo, político, orador y escritor romano, conocido por sus obras de carácter moralista. Hijo del orador Marco A. Séneca, fue Cuestor, pretor y senador del Imperio Romano, durante los gobiernos de Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón, además de Ministro, tutor y consejero del emperador Nerón.

Séneca destacó tanto como pensador e intelectual, así como político. Consumado orador, fue tanto una figura predominante de la política romana durante la era imperial como uno de los senadores más admirados, influyentes y respetados, y fue foco de múltiples enemistades y benefactores, a causa de este extraordinario prestigio.

De tendencias moralistas, Séneca pasó a la historia como el máximo representante del estoicismo y moralismo romano durante la plena decadencia de la república romana en la cual vivió. Cuando la sociedad romana había perdido los valores de sus antepasados y se trastornó al buscar el placer en lo material y mundano, dando lugar a una sociedad turbulenta, amoral y antiética, que al final la condujo a su propia destrucción.


Algunos consejos de Séneca para la vida:

1. Hay que suavizar todas las cosas y hay que sobrellevar todas con buen ánimo.

2. Nuestra vida se extiende mucho para quien sabe administrarla bien.

3. Nada puede ejercitarse bien por un hombre ocupado, ni la elocuencia, ni las artes liberales, pues cuando un espíritu es distraído, no cobija nada muy elevado, sino que todo lo rechaza como si fuese inculcado a la fuerza.
4. A los hombres más poderosos, los que están situados en altos cargos, se les escapan palabras en las que anhelan el descanso, lo alaban, lo prefieren antes que a todos sus bienes.

5. Aquel que dedica todo el tiempo a su propia utilidad, el que dirige cada día como si fuese el último, ni suspira por el mañana, no lo teme.

6. Debe conservarse con sumo cuidado lo que no se sabe cuando va a faltar.

7. El mayor impedimento para vivir es la espera, porque dependiendo del mañana se pierde el hoy.

8. Este camino de la vida, continuo y apresuradísimo, que, en vela o dormidos, recorremos al mismo paso, no es visible a los hombres ocupados sino hasta que han llegado al final.

9. Es propio de una mente segura y tranquila el recorrer todas las partes de su vida. Los espíritus de las personas ocupadas, como si estuviesen bajo un yugo, no pueden volver, ni mirar hacia atrás.

10. El tiempo presente sólo pertenece a los hombres ocupados, el cual es tan breve que no puede atraparse, y este mismo se les sustrae, turbados como están en sus muchas ocupaciones.

11. Hay que ser indulgentes con el espíritu, y hay que darle descanso una y otra vez.

12. Es ocioso aquel que tiene sentido para su ocio.

13. No son ociosos aquellos cuyos placeres encierran buena parte de trabajo.

14. De todos, sólo son ociosos quienes tienen tiempo libre para la sabiduría, pues no sólo defienden bien su vida: cualquier tiempo lo añaden al suyo.

15. La vida más breve y más llena de inquietudes es la de aquellos que olvidan el pasado, miran con indiferencia el presente, temen el futuro.
16. La vida de quienes preparan con un gran esfuerzo lo que poseerán con un esfuerzo mayor es desgraciada. Con gran trabajo consiguen las cosas que quieren, con ansiedad mantienen las que han conseguido, entretanto no hay ningún cálculo del tiempo, de ese que no va a tornar nunca más.

17. No esperes hasta que las circunstancias te dejen en libertad, sino sepárate tú mismo de ellas.

18. Es enemigo de la serenidad un compañero perturbado y que se lamenta de todo.

19. Hay que pensar cuánto más leve sea el dolor de no tener que el de perder, y comprenderemos que a la pobreza le corresponde un tormento menor en cuanto es menor la posibilidad de mermar.

20. Habituémonos a desprendernos de la pompa y a valorar la utilidad de las cosas, no sus adornos.

21. En todas partes es un vicio lo que es excesivo.

22. Da entrada a la razón en las dificultades: pueden ablandarse las circunstancias duras, dársele amplitud a las estrechas y las graves oprimir menos a quienes las soportan con elegancia.

23. No envidiemos a los que están situados por encima de nosotros: las cosas que parecían más excelsas se derrumbaron.

24. Quien tema a la muerte, no hará nunca nada por un hombre vivo, pero quien sepa que este hecho estaba pactado en el mismo momento en que fue concebido, vivirá según la ley de la naturaleza, y, a su vez, con la misma fortaleza de espíritu, se mantendrá firme para que ninguna cosa que le suceda sea inesperada.

25. Es más tolerable y más fácil no adquirir que perder.

26. Que no se apodere de nosotros la inconstancia, vicio en extremo enemigo de la serenidad.

27. Quien se dedica a muchas cosas, a menudo entrega a la suerte el dominio de sí mismo.
28. Es propio del hombre reírse de la vida antes que lamentarse.

29. Es mejor aceptar con tranquilidad las costumbres públicas y los defectos humanos, y que no se escapen involuntariamente ni la risa ni las lágrimas.

30. En tus males conviene que te conduzcas de tal modo que des al dolor sólo cuanto la naturaleza ordene, no cuanto ordene la costumbre.

31. No es grata y segura la vida de quienes viven siempre bajo una máscara.

32. Hay que mezclar y alternar estas cosas: la soledad y la compañía de la multitud.

33. No hay que tener la mente en la misma tensión constantemente.

34. Hay que dar un alivio a nuestros espíritus: tras haber descansado surgen los mejores y más vivos proyectos.

35. A través de las ocupaciones se pasa la vida.
36. Ante todas las cosas es necesario evaluarse a uno mismo, porque las más veces nos parece que podemos más de lo que en verdad podemos.

37. Los patrimonios, causa máxima de las aflicciones humanas.
38. La mejor medida del dinero es no caer en la pobreza ni alejarse demasiado de la pobreza. 

39. La muerte en sí no es gloriosa, pero lo glorioso, es morir con honor.

40. ¡Qué tarde es comenzar a vivir cuando hay que abandonar la vida! 

martes, 17 de diciembre de 2013

FANÁTICO : Etimología y significado

Breve análisis etimológico de la palabra "fanático"

                                                                                                            Por: David Efraín Misari Torpoco (*)

Muchas personas tienen la mala costumbre de llamar "fanático" a cualquier individuo que pregone o profese admiración por alguna persona o alguna cosa, siendo el sentido más habitual, designar "fanático" en el campo religioso. Pero empecemos por el origen y significado de la palabra "fanático".

El término "Fanático", proviene del latín fanaticus, el cual deriva de la palabra fanum que significa "templo" o "santuario". Los antiguos romanos, relacionaban este término con el verbo "for","fari", que venía a significar "hablar solemnemente en público". 

FANUM, propiamente hablando, venía a ser un lugar sagrado por consagración o designación oracular, y este término era empleado para aquellos lugares en que se veneraban y se rendía culto a los dioses (paganos) de la mitología en la antigua Roma y Grecia, durante los tres primeros siglos antes de la era cristiana.

Muchos académicos y estudiosos de las lenguas clásicas y semíticas, sobre todo algunos renombrados indoeuropeístas, sostienen que la palabra latina fanum, contiene la misma raíz indoeuropea *dhes-  vinculada a conceptos o nociones de carácter religioso, lo cual dio origen en griego, a la palabra "Theos" (dios).

Retomando el vocablo FANATICUS, encontramos también en la historia de las lenguas, que esta palabra designaba -en primer lugar- a un servidor de algún templo o fanum, como los porteros o vigilantes nocturnos que velaban con gran celo, estos santuarios, eran conocidos. Y poco tiempo después, empezaron a relacionar este término (fanaticus) solamente para aquellos adeptos exclusivos de un templo, santuario o divinidad.

Por último, debo decir que durante el siglo I a.C., se desarrolló un verbo "fanor" y luego "fanari", que tenían como significado "estar poseído por un espíritu o fervor divino, delirante y  frenético", lo cual generó un nuevo sentido para la palabra fanaticus (esto es, delirante, lleno de fulgor religioso). Algunos estudiosos del griego, han podido identificar, que esta palabra también podría provenir de "phainos" o "phaino", que venía a ser como una especie de "exaltado religioso", con el cual se designa a un fanático.

Es así, como a partir del siglo I y II, luego de la muerte de Cristo, los primeros cristianos empezaron a ser llamados "fanáticos" por los romanos, al hablar y dar testimonio de Jesús.

Comentario personal:

Debe quedar en claro, que esta palabra "fanático", solo puede ser usada o empleada en el ámbito religioso y para los religiosos que actúan de manera exagerada o llegan a un grado extremo de considerar sus propias creencias al punto de imponerlas a los demás a la fuerza o recurriendo a métodos extremistas.

En el mundo, cada persona tiene la plena libertad de creer en lo que desee creer o considere correcto. Para el cristiano, creer en Dios y depositar la fe en Jesús (aceptándolo como su salvador), no debe ser muestra de un fanatismo, buscando imponer a los demás su propia fe o creencia. El verdadero cristiano, no impone nunca su creencia, solo la comparte, pero entiende a su vez, que al final, es solo la persona, quien decide creer o no en Dios. Un cristiano que llegue al extremismo religioso, fácilmente se convertirá en un fanático y perderá su camino, como también su propósito. Un verdadero seguidor de Cristo, no debe actuar de manera fanática, sino de manera prudente.

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(*) Escritor, ensayista, investigador y filósofo peruano.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Amo a la mujer

Amo a la mujer. 
En ella, me gusta su independencia, 
su cultura, su poesía,
su canto y su hermosura.

Amo a la mujer.
En ella puedo encontrar una compañera
con la cual hacer mil locuras
como también, sentarnos y mirarnos
sin cruzar palabras, porque nuestras miradas
lo dicen y expresan todo.

Amo a la mujer.
En ella, puedo encontrar encanto, magia,
ternura, alegría, pero también tristeza,
confusión, nostalgia y melancolía,
pero no por eso, dejaré de amarla.

Amo a la mujer.
Porque lo que más valoro en ella,
no es su aspecto angelical, ni su belleza,
sino su espíritu sagaz, su actitud positiva
y su libertad.

Amo a la mujer.
Porque se proviene de ella
y se sufre mucho, cuando una madre nos deja,
Porque una madre es quien nos enseña
a no faltar jamás una promesa.

Amo a la mujer.
Porque en ella encuentro un universo infinito,
y a su vez, un microcosmos desconocido,
sin la mujer, la luna no sería luna,
y el verso, no tendría canto.

Amo a la mujer.
Sin la mujer, el poeta no se inspiraría nunca,
el pintor, no retrataría la belleza,
el cantante, se perdería en su voz
y el filósofo, no tendría amor.

Amo a la mujer.
Porque sin el amor que uno siente
hacia ella, uno solo tendría coito,
pero jamás experimentaría realmente,
lo que es hacer el amor.

Amo a la mujer.
No la amo, para quedar bien con ella,
no la amo, para enamorarla,
la amo, porque sin la mujer,
la existencia de un varón, sería...la nada.


















Título: Amo a la mujer.
Escrito por: Efraín Misari.
Modelo de la imagen: Fátima Correa
Diciembre 2013.