jueves, 25 de abril de 2013

Casa de la Filosofía en Lima - Perú

Estimados Amigos y Amigas de la Comunidad Filosófica (Perú):

Hago un llamado para ver la posibilidad de poder emprender un proyecto.

Se trata de una "Casa de la Filosofía". Es de conocimiento público que existe en nuestro país una "Casa de la Literatura" (Jr. Ancash - Centro de Lima) Sin embargo ¿No creen que debería existir una CASA DE LA FILOSOFÍA? Y digo esto porque quisiera que me respondan a lo siguiente:

1. ¿No les gustaría tener un centro audio visual donde puedan ver documentales, películas o incluso Dvds
, o Blue Rays, con clases de Filosofía?
2. ¿No les gustaría tener un lugar especializado con una biblioteca filosófica?
3. ¿No les gustaría tener centros de debates filosóficos?
4. Es más, para aquellos que publican textos u obras de contenido filosófico ¿No les gustaría tener un lugar central donde puedan publicar y promocionar precisamente sus obras?  


A lo mejor surjan otras preguntas, pero partiendo de estas se podría pensar en contar con un centro filosófico (Casa de la Filosofía) en nuestro medio.

Digo esto, porque se tiene que fomentar (aún más) la lectura, ya que si se pretende que el Perú empiece a tener una filosofía propia, o empiece a exportar filósofos, esta sería una buena iniciativa. Además, en "La Casa de la Filosofía" se podrían traer filósofos de muchas partes del mundo, donde estudiantes y profesores de Filosofía de las distintas universidades de nuestro país puedan asistir, sin ninguna "marca" de diferenciación.

La Casa de la Filosofía, deberá también ser un lugar en donde se pueda rendir homenaje a nuestros más destacados filósofos peruanos, entre ellos tenemos a:

- Augusto Salazar Bondy.
- Francisco Miró Quesada Cantuarias.
- Juan Abugatás.
- Luis Felipe Alarco.
- Javier Prado y Ugarchete.
- Nicolás de Olea.
- Antenor Orrego Espinoza.
- Walter Peñaloza.
- Carlos Cueto Fernandini.
- Mariano Iberico Rodriguez.
- Manuel Zevallos Vera.
- Demetrio Túpac Yupanqui.
- Entre otros.

Este tiene que ser un lugar donde tenga implementada una buena biblioteca filosófica (textos, obras, ensayos, artículos, revistas) y también donde se creen salones audio-visuales para la proyección de películas filosóficas o con contenido filosófico. Muy aparte de la creación de salones donde se puedan dictar los talleres, simposios, coloquios, seminarios y algunos otros eventos de carácter filosófico.

Todos somos peruanos, y si queremos que la Filosofía Peruana empiece a resonar, dejemos las diferencias de lado. Considero que si se busca un solo objetivo y una sola meta, todos los filósofos peruanos debemos estar unidos.

Atte: David Efraín Misari Torpoco.
Lima - Perú.
2013.


miércoles, 24 de abril de 2013

La Lectura: Un alimento para el cerebro

La sociedad en la que vivimos, cada día tiene menos lectores. Esto se debe a que los libros van siendo desplazados por la información que uno pueda encontrar en la internet, o los resúmenes de muchas obras en formato digital. Parece ser que muchas personas se han olvidado que la actividad cerebral aumenta con la lectura (impresa) de las grandes obras. Además, existen diversos estudios realizados que han demostrado que la lectura estimula la actividad mental, y esto es porque los libros son la clave para desarrollar nuestro potencial cerebral. 

Si hacemos un recorrido por la antiguedad, podemos apreciar que al momento que apareció la escritura en la historia, muchos grandes sabios, pensadores y filósofos han dejado en claro, que cuando se lee un buen libro, este cobra una infinidad de beneficios estimulando al cerebro. Estas afirmaciones, están sustentadas científicamente, sobre todo por los investigadores de la Universidad de Liverpool (UK), los cuales revelan que leer obras de Shakespeare, Larkin, J. Donne, Goethe, Victor Hugo, entre otros grandes genios de la literatura universal, ayuda a potenciar la mente.

Proceso científico de evaluación al lector

Se eligieron cuarenta voluntarios, los cuales leyeron en primer lugar extractos de textos clásicos y originales. Seguidamente, se les dieron las mismas lecturas de las obras, pero traducidas a un lenguaje sencillo y coloquial. Todo este proceso de su actividad cerebral fue monitoreado.

Al final, los resultados concluyeron que el análisis reflejado, muestra que la función cerebral "capta" rápidamente el preciso momento en que el lector entra en contacto con palabras que no está acostumbrado a leer o cuando se encuentra frente a frases complejas. Todo esto ocurrió con las lecturas de las obras clásicas.  

Por otra parte, cuando se les dieron las lecturas de los textos traducidos a un lenguaje más sencillo, se pudo observar que la actividad cerebral disminuyó notablemente (lo mismo sucede cuando por ejemplo, se leen las "obras" de Paulo Coelho). Aparte de estos resultados, los estudiosos también comenzaron a percatarse que leer poesía ayuda a la reflexión de los recuerdos y experiencias personales; como también cuando se leen obras escritas en breves sentencias o breves oraciones, puesto que el cerebro capta más rápido el mensaje central de lo que lee, y esto permite analizar su reflexión desde otro punto de vista.


sábado, 20 de abril de 2013

Quiero ser un escritor

                                                                     
                                                              "El Escritor es un ingeniero del alma humana."
                                                                             

                                                                              (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili)

Seguramente muchos de ustedes han escrito poemas, versos, pequeñas historias (cuentos), otros habrán escrito novelas, ensayos, artículos, etc. Pero a lo mejor, no se han hecho esta pregunta "¿Quiero ser un escritor?" O quizá algunos sí se la hayan formulado, pero a lo que voy es saber si realmente se tiene la disposición y vocación para serlo. Para esto, debemos empezar definiendo ¿qué es un escritor? o ¿quién es un escritor?
Un escritor viene a ser una persona que escribe algún texto u obra escrita, sea impresa o en formato digital (libro electrónico, e-book). Aunque el término esté referido a los profesionales de la literatura, se sabe bien que no se necesita de alguna carrera profesional para ser escritor, dado que esta acepción del término, no designa a quien realice la actividad, sino a quien la desarrolla como profesión teniendo en su haber alguna obra o texto escrito. El escritor es aquel que trabaja con la palabra y la imaginación como instrumentos esenciales para que pueda llevar su labor a un nivel profesional y artístico. 
Lo que caracteriza al escritor son sus textos, sus obras o cualquier tipo de documento a través del cual pueda difundir sus ideas, sus pensamientos, sus teorías, sus versos, etc. Es aquí donde podríamos hablar de una diversidad de tipos de escritores, como por ejemplo, los ensayistas, guionistas, novelistas, poetas, dramaturgos,  cuentistas, etc. ya que estos cultivan este arte y lo plasman a través de sus escritos. Cabe resaltar, que también son escritores, aquellos que redactan artículos periodísticos, biografías, reseñas, investigaciones, reportajes, entrevistas, etc. siempre y cuando utilicen la escritura para expresar y transmitir su trabajo. Para poder lograr todo esto, depende mucho de la formación de la persona como escritor profesional.

Aparte de esto, si una persona quiere ser escritor, puede repotenciar su labor, estudiando alguna carrera de letras, por ejemplo, si estudia Literatura, esto le ayudará mucho a manejar diversos temas y conocer la pluma de los grandes literatos al momento de emplear sus diversos estilos. Pero debo recalcar que para ser escritor, no necesariamente se debe estudiar una carrera, pues basta mucho de la formación autodidacta que emplee uno y la disponibilidad que tenga para tomarse un tiempo y escribir sobre algún tema de su interés. Claro está, que si desea escribir una novela o un cuento, deberá tener mucha imaginación para que las ideas fluyan y concatenen la ilación de su escrito.  

Si uno tiene la disposición económica, se podría matricular a talleres de redacción y ortografía, o incluso talleres  literarios, ya que un buen dominio de la redacción, hará más rico el léxico que emplee en sus escritos. Otro elemento que es una sólida base en la formación de un escritor, es la lectura. Mientras más libros lea uno, mayor facilidad y manejo de palabras e ideas podrá obtener. Una persona que se está formando como escritor debe tener en cuenta su capacidad de creación literaria y su originalidad. Esto uno lo llega a descubrir a medida que va desempeñando su labor de escritor. 

El estudio de la Filosofía también ayuda mucho, porque te hace conocer a distintos pensadores - a través de sus obras - las ideas, teorías y los pensamientos que aportaron al conocimiento humano. Cuando uno lee obras filosóficas, la mente se abre de manera sorprendente y empiezas a encontrar diversas perspectivas de ver y cuestionar al mundo. El escritor debe ser consciente que un texto filosófico, no es igual a uno de literatura, y para ello, debe saber dirigir su pluma hacia lo que apunta.

Por último, se debe recordar que para ser un escritor, no se necesita de algún "título profesional" que respalde esta labor. Lo que sí necesitas, es de mucha imaginación, creatividad, originalidad, estilo y disposición de tiempo para que puedas expresar en cortas o extensas grafías todo lo que desees. Eres libre de abordar y escribir sobre el tema que desees, como eres libre para decidir que hacer con tu vida. No lo olvides. 





domingo, 14 de abril de 2013

Un escritor pésimo: Paulo Coelho


                                                 ¿Por qué es tan malo Coelho?                                                                                                              
        
                                                                                              Por: Héctor Abad Faciolince

Traducido a 56 idiomas, publicado en 150 países, con más de 54 millones de libros vendidos, a Paulo Coelho hay que reconocerle al menos una virtud: es una mina de oro para sí mismo y para las editoriales. En su libro de mayor éxito, El alquimista (1988), un pastor de ovejas andaluz viaja hasta las pirámides de Egipto en busca de un tesoro. Antes de llegar a su destino se encuentra con el gran mago que posee los dos pilares de la sabiduría alquímica, es decir, sabe destilar el elíxir de la larga vida y ha fabricado un huevo amarillo, la piedra filosofal, con cuya ralladura se puede convertir en oro cualquier otro metal.
En su viaje hacia las tumbas de los faraones el alquimista le ha revelado al muchacho otro secreto: “Cada hombre sobre la faz de la tierra tiene un tesoro que lo está esperando”. Luego le explica que si no todos encontramos este tesoro personal, es porque “los hombres ya no tienen interés en encontrarlo”. Sospecho que muchos desgraciados se consuelan creyendo semejante ingenuidad. Vista descarnadamente, es sólo una simpleza o una pía ilusión. Sin embargo hay algo que tenemos que conceder, y es que sin duda Paulo Coelho encontró su propio tesoro, en cierto sentido su piedra filosofal: la ralladura sosa y rosa y empalagosa de su prosa se convierte —como por arte de magia— en oro editorial, en millones de copias de consumo masivo de mediocridad. Pero ¿cómo lo hace? ¿Y por qué, siendo un escritor tan rudimentario en el uso del lenguaje, tan pobre en el pensamiento y tan elemental en sus recursos estilísticos, consigue tocar la sensibilidad de tanta gente?
No voy a dar la respuesta más obvia e inmediata, la que todos dan: Si Coelho vende por sí solo más libros que todos los demás escritores brasileños juntos, esto se debe precisamente a que sus libros son tontos y elementales. Si fueran libros profundos, complejos literariamente, con ideas serias y bien elaboradas, el público no los compraría porque las masas tienden a ser incultas y a tener muy mal gusto. Claro que en los millones de ejemplares vendidos hay algo de esto. Pero también existen muchísimos libros tan malos como los de Coelho que no tienen ningún éxito y, al contrario, hay unos cuantos libros excelentes y literariamente impecables que se venden por millones. En vez de tranquilizarnos con respuestas facilistas y tautológicas (el vulgo es vulgar, el mercadeo vende), conviene examinar con cuidado los libros de Coelho y no desdeñarlos de entrada con altivo esnobismo. Me he impuesto el ejercicio de leerlos para tratar de descubrir en qué estrategias temáticas y narrativas podría residir su extraordinario éxito editorial.
La primera respuesta que me di, apenas empezando la lectura de algunos de sus libros, fue que quizá Coelho disfrazaba de misterio y asombro las puras tonterías. Oigan esta, por ejemplo: “Era un día caluroso y el vino, por uno de estos misterios insondables, conseguía refrescar un poco su cuerpo”. De verdad, qué misterio insondable que un líquido quite la sed. Después me di cuenta que sus técnicas narrativas no se agotan en la simple estupidez; son algo más hábiles y algo menos burdas.
Para empezar, los libros de Coelho explotan hábilmente un universal humano: nuestra fascinación por los poderes de adivinación y conocimiento sobrenaturales. Ya Thomas Hobbes en su clásico Leviatán (1651) señalaba la irresistible atracción (y por lo tanto el fácil engaño) que padecemos los seres humanos ante todo tipo de presagios. Es una tradición muy antigua (una socorridísima mina de oro, una piedra filosofal) explotar esta debilidad de nuestra psicología. Copio el resumen que hace Hobbes de estos engaños, el cual es preciso y exhaustivo, y parece a su vez un resumen de las técnicas de seducción esotérica que Coelho utiliza en sus libros:
“Así se hizo creer a los hombres que encontrarían su fortuna en las respuestas ambiguas y absurdas de los sacerdotes de DelfosDelosAmmon y otros famosos oráculos, cuyas respuestas se hacían deliberadamente ambiguas para que fueran adecuadas a las dos posibles eventualidades de un asunto (…). A veces en las frases desprovistas de significado de los locos, a quienes se suponía poseídos por un espíritu divino: a esta posesión se la llamaba entusiasmo, y a estos modos de predecir acontecimientos se les denominaba teomancia o profecía. A veces en el aspecto que presentaban las estrellas en su nacimiento, a lo cual se llamaba horoscopia. A veces en sus propias esperanzas y temores, en lo llamado tumomancia o presagio. A veces en las predicciones de los magos, que pretendían conversar con los muertos, a lo cual se llamaba nigromancia, conjuro y hechicería, y no es otra cosa sino impostura y fraude. A veces en el vuelo casual o en la forma de alimentarse las aves, lo que llamaban augurio. A veces en las entrañas de los animales sacrificados, a lo que llamaban aruspicina. A veces en los sueños; a veces en el graznar de los cuervos o el canto de los pájaros. A veces en las líneas de la cara, a lo que se llamaba metoposcopia; o en las líneas de la mano, palmis­teria; o en las palabras casuales, omina. A veces en monstruos o accidentes desusados, como eclipses, cometas, meteoros raros, temblores de tierra, inundaciones, nacimientos prematuros y cosas semejantes, lo que se llamaba portenta y ostenta, porque parecían predecir o presagiar alguna gran calamidad venidera. A veces en el mero azar, como en el acertijo de cara y cruz, en el juego de elegir versos de Homero y Virgilio, y en otros vanos e innumerables conceptos análogos a los citados. Tan fácil es que los hombres crean en cosas a las cuales han dado crédito otros hombres; con donaire y destreza puede sacarse mucho partido de su miedo e ignorancia”.
Veamos de qué manera, “con donaire y destreza”, Paulo Coelho le saca partido a nuestra credulidad, a nuestras debilidades y a nuestra ignorancia. Me limitaré inicialmente a El alquimista, su obra más leída, pero el mismo procedimiento se puede rastrear en otros libros suyos. El pastor de ovejas andaluz, al principio del cuento, tiene un sueño y va donde una adivina para hacérselo interpretar. Qué deleite; la gitana no sólo le interpreta el sueño (“los sueños son el lenguaje de Dios”) sino que también le lee la mano. Los sueños del protagonista son el leitmotiv del libro, y es a través de ellos como poco a poco se acerca a su tesoro en el periplo Andalucía-Pirámides-Andalucía.
Para que un mago cobre prestigio como persona capaz de predecir el futuro, mucho le conviene obrar el prodigio de adivinar el pasado. Éste es el paso siguiente en el libro de Coelho: un adivino escribe sobre la arena los episodios más significativos del pasado del joven protagonista, incluyendo la primera vez que se hizo la paja. Cabe aclarar que esta íntima revelación se expresa con palabras mucho más recatadas: “Leyó cosas que jamás había contado a nadie, como (…) su primera y solitaria experiencia sexual”. Qué ridícula manera de describir su masturbación.
El tono sapiente (de una sapiencia falsa, pero en fin) y el ambiguo lenguaje oracular se van soltando en pequeñas dosis a lo largo del libro. Les copio algunos ejemplos de sus ridículas citas:

1. “Cuando deseas alguna cosa, todo el Universo conspira para que puedas realizarla”.
2. “La vida quiere que tú vivas tu Leyenda Personal”.
3. “Todo es una sola cosa”.
4. “Existe un lenguaje que va más allá de las palabras”.
5. “Dios escribió en el mundo el camino que cada hombre debe seguir: sólo hay que leer lo que Él escribió para ti”.
6. “Cualquier cosa en la faz de la tierra puede contar la historia de todas las cosas”.      

Entre otras sandeces.

Pero además de este tipo de enseñanzas baratas, de seducción infalible a pesar de su pésimo gusto intelectual, el uso de la magia tradicional también va apareciendo capítulo tras capítulo. Así, el protagonista, al promediar el libro, “acompaña con los ojos el movimiento de los pájaros”. Mira las aves: “De repente, un gavilán dio una rápida zambullida en el cielo y atacó al otro. Cuando hizo este movimiento, el muchacho tuvo una súbita visión: un ejército, con las espadas desenvainadas, entraba en el oasis”. Es el clásico augurio, aunque bastante tosco, pues en vez de descifrar el acertijo del vuelo de los pájaros, al pastor le basta verlo para tener visiones.
Hay un ingrediente adicional que hace más eficaz el recurso al pensamiento esotérico. Para volverlo doctrinalmente inofensivo, para despojarlo de todo peligro satánico, Coelho lo combina con dosis adecuadas de cristianismo tradicional: citas de la Biblia, cuadros del Sagrado Corazón de Jesús, rezos del Padrenuestro… El público mayoritario no se siente en pecado porque lee herejías, y el narrador, al tiempo que se hace pasar por alguien dotado de poderes paranormales (capaz incluso de telepatía), deja saber que él es también un buen cristiano, a pesar de sus coqueteos con la magia.
Hasta aquí algunos elementos temáticos que ayudan a entender, en parte, el favor de Coelho entre los lectores. Pero además de lo temático, conviene señalar también algunas estrategias narrativas del autor brasileño. Sus técnicas para ir tejiendo la trama son tan elementales que me recordaron de inmediato el estudio clásico sobre las formas canónicas del cuento infantil. Vladimir Propp, uno de los padres de la narratología, publicó en Leningrado su monumental Morfología del cuento infantil (1928). El principal mérito de este gran trabajo consiste en haber hallado, por encima de los argumentos superficiales de cada cuento, una serie de elementos formales repetitivos. Mirados al microscopio, es posible descubrir que en todos los cuentos de hadas los personajes, por distintos que sean, acometen siempre las mismas acciones, se ven envueltos en situaciones o “motivos” análogos. Como señala Propp, “cambian los nombres de los personajes, pero no sus acciones, o funciones, por lo que se puede concluir que el cuento le atribuye operaciones idénticas a personajes distintos”.
No voy a decir que Coelho leyó a Propp, estudió cuáles son las “funciones” más elementales del relato tradicional descubiertas por el ruso, y con esta receta se dedicó a escribir el oro en polvo de sus novelas. Eso sería muy sofisticado. La cosa es más simple: Coelho usa, intuitivamente y con alguna destreza, las estructuras más primitivas del cuento infantil. Tomen ustedes cualquiera de los libros de Coelho y verán lo fácil que resulta identificar situaciones como las siguientes, señaladas por Propp en su Morfología: “El héroe abandona la casa”; “el héroe es puesto a prueba o interrogado”; “el héroe se pone en contacto con alguien que le dará un don”; “el héroe recibe un objeto mágico”; “el héroe cae en desgracia”; “el héroe se traslada o es llevado al lugar donde está el objeto de su búsqueda”; “el héroe lucha con un antagonista”; “el héroe regresa”; “el antagonista es castigado”; “el héroe se casa y sube al trono (u obtiene grandes riquezas)”.
Es inútil cansarlos con los ejemplos detallados en que las historias de Coelho parecen calcar literalmente estos esquemas elementales. Les puedo asegurar que, al menos en sus primeros libros, el brasileño repite paso a paso las estructuras narrativas reveladas por el gran formalista ruso hace casi un siglo (y éstos sí que son pronósticos: Propp no sólo describió la tradición popular, sino que anticipó las recetas de un gran éxito editorial).
Los libros más recientes de Coelho, por ejemplo el último, Once minutos (2003), son un poco menos rudimentarios que aquellos primeros títulos que lo lanzaron a la fama. En este caso la trama, nutrida por algunos elementos realistas (para esta novela Coelho usó el testimonio de prostitutas existentes), es menos infantil, menos predecible. En todo caso es posible que el inevitable desencanto que viene con los años haya hecho que este último libro de Coelho sea menos ingenuo. Pero el buen gusto estético e intelectual es muy difícil de adquirir, y por lo mismo Once minutos (el cálculo de Coelho de lo que dura un coito), aunque menos esquemático, es un libro incluso más cursi que los anteriores. No quiero afirmar nada que no pueda demostrar con citas textuales. ¿Cuántos ejemplos necesitan para convencerse de la irremediable cursilería de Once minutos? Podría usar un número mágico, de esos que les encantan a los autores de cuentos infantiles, siete, o tres. Para no exagerar, me voy a limitar a tres momentos:
1. La protagonista (prostituta brasileña que trabaja en Suiza, y la sola situación es ya de un sentimentalismo telenovelesco), se encuentra con un pintor joven que la invita a su casa. Ella observa que la casa es grande y está vacía. Entonces concluye: “Debía de tener dinero de verdad. Si estuviese casado no osaría hacer aquello porque siempre había gente mirando. Entonces era rico y soltero”.
2. En el final feliz de la novela este mismo pintor se le aparece a la muchacha con flores: “Ralf llevaba un ramo de rosas, y los ojos llenos de luz que ella había visto el primer día, cuando la pintaba”.
El rico y soltero que en la última página se aparece con un ramo de rosas y se lleva a la muchacha a conocer París es una situación tan perfectamente cursi que, por kitsch, creo que ni Corín Tellado se atrevería a ponerla en una fotonovela. Pero al promediar el libro hay otro momento todavía peor:
3. La prostituta le hace un regalo al pintor del que se empieza a enamorar. Abre el bolso y busca su bolígrafo. Dice: “Tiene un poco de mi sudor, de mi concentración, de mi voluntad, y ahora te lo entrego. (…) Tú tienes mi tesoro: el bolígrafo con el que he escrito algunos de mis sueños”.
Fuera de la ridiculez de la frase, que es única, hay algo todavía más perturbador: al leerla uno se imagina que el autor está copiando aquí su propia vida. Me parece ver la escena; el multimillonario que ha vendido 54 millones de ejemplares con tantas revelaciones de su estro poético, le muestra a una muchacha el objeto mágico (y fálico) con que la va a conquistar. Le dice, pensando ya en el colchón de la suite que los espera: “Te entrego mi tesoro: el bolígrafo con el que he escrito algunos de mis sueños”. Debe tener un bolígrafo para cada día, cada hotel y cada viaje. Y algo más triste: seguramente algunas víctimas, igual que miles de lectores, se dejarán conquistar con semejante frase y semejante halago. Claro que esto último es lo único que no puedo demostrar de todo lo que he dicho sobre Coelho en este artículo. Esta última situación tan sólo la supongo y es sólo una hipótesis sin fundamento, producto de una mente malpensada; todo lo demás lo he tomado directamente de sus libros.

Libro: Teoría General del Derecho


El presente texto del autor peruano David Efraín Misari Torpoco, contiene un estudio compacto acerca de las definiciones del Derecho a través de la historia y las teorías que los grandes juristas abordaron durante este proceso. Gracias a la Asociación Peruana de Ciencias Jurídicas y Conciliación (APECC) esta obra fue publicada en Febrero de 2013.
Como bien se sabe, la Teoría General del Derecho estudia los conceptos jurídicos fundamentales, esenciales, comunes a las diversas ramas de un ordenamiento jurídico determinado o comunes a todo el Derecho. Pero no solo trata de una concepción jurídica universal propiamente dicha, sino que versa también sobre los aspectos jurídicos que se plasman en la realidad.
En la presente obra, encontraran definiciones precisas sobre el sujeto, el objeto del derecho, la norma jurídica, el ordenamiento jurídico, y estudios adyacentes a todo un amplio séquito de conceptos jurídicos. En palabras de Korkounov, la Teoría General del Derecho “estudia, verifica y extrae los principios y lineamientos que conducen a los estudios generales de la actividad jurídica”.
Este texto escrito en XV capítulos contiene en suma, conceptos fundamentales y válidos para todo el derecho. Los dos destacados capítulos se encuentran en el estudio exhaustivo y filológico de la etimología de la palabra “Derecho” y en el estudio sistemático del pensamiento jurídico a lo largo de la historia.

Libro: Teoría General del Derecho.
Autor: David Efraín Misari Torpoco.
Editorial: APECC.
Publicado en Febrero de 2013.

miércoles, 10 de abril de 2013

Alberto Flores Galindo: Uno de los grandes intelectuales peruanos


Es como si la vida extrae lo mejor de cada uno de nosotros y se lleva a temprana edad a las grandes mentes.  En este caso, el intelectual peruano Alberto Flores Galindo no fue la excepción. 

Alberto Flores Galindo, fue un historiador, científico social y ensayista peruano, quién nació en Bellavista (Callao), un 28 de mayo de 1949. 

Tuvo una vida muy corta, solo llegó a vivir 40 años de edad, pero su producción intelectual fue abundante y profunda, tanto que marcó a los futuros estudios históricos, sobre todo tema que concierne a lo andino como elemento primordial de la nueva nacionalidad peruana, tal como ya lo habían mencionado otros dos intelectuales de izquierda (José Carlos Mariátegui y José María Arguedas). 

Flores Galindo, estudió en el colegio católico La Salle y luego Historia en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Viajó becado a la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París (Francia) y al volver al Perú se dedicó a la docencia e investigación en la Universidad Católica, luego al periodismo y a fundar Sur Casa de Estudios del socialismo, que concibió como casa editorial y ámbito de discusión intelectual.

El conjunto de ensayos titulado "Buscando un Inca: Identidad y utopía en los Andes", inicialmente publicado en 1986, pretendía encontrar una fórmula que permitiera unir el pensamiento socialista y las tradiciones andinas, en lo que se llamó utopía andina.

Flores Galindo, quien tenía una formación cristiana y marxista, era optimista a pesar de todos los problemas del Perú. Antes de morir dijo: "El Perú está entre los pocos lugares del mundo donde hay espacio abierto a la esperanza".

Falleció de cáncer en lima, el 26 de marzo de 1990 con apenas 40 años de edad.

                                              

Entre sus obras destacadas tenemos:

  • Los minero de la Cerro de Pasco (1974).
  • La agonía de Mariátegui: La polémica con la Komintern (1980).
  • Apogeo y crisis de la República Aristocrática (con Manuel Burga). Aristocracia y plebe. Lima 1760 - 1830. Estructura de clases y sociedad colonial (1984).
  • Tiempo de plagas (1987).
  • La tradición autoritaria (obra póstuma)