jueves, 31 de octubre de 2013

Distopía


Una palabra que aparentemente no tendría aplicación en una sociedad que cada vez más, se va perdiendo. Sin embargo, parece que cada día más, vamos viviendo en una distopía, alejándonos años luz, de una utopía.

Distopía, viene a ser un término creado para dar a conocer una sociedad ficticia que es indeseable en sí misma. Se habla de una sociedad mala, algo indeseable. Generalmente se acuña el término a sociedad distópica como punto central de interacción humana, en una novela, ensayo, cuento o cine. 
Si nos remitimos a la etimología del término, vemos que las raíces de la palabra “distopía” nos llevan a la cultura anglosajona, donde esta noción conceptual tiene su base. Sin embargo, este término, proviene de la construcción de dos voces griegas /dis-topía/ de un prefijo adverbial /dis/ que significa “mal” y de un sustantivo /topos/ que significa “lugar”. Antes de la existencia de este término, ya existía la palabra “utopía”, que fue acuñada por Tomás Moro, quien sacó el término de raíces griegas /ou-topos/ (utopía, que significa “no lugar” o “lugar que no existe”, el cual era empleado para hablar de sociedades “ideales o perfectas”).

Pero ¿cómo llegó la construcción de dos voces griegas /dis/ y /topos/ a la cultura anglosajona? Para esto, encontraremos una fuente de primera mano en el Diccionario Inglés de Oxford, el cual nos dice que este término “distopía” fue establecido a finales del siglo XIX por el filósofo John S. Mill, quien a su vez empleaba el sinónimo creado con Bentham cacotopía (proveniente del adjetivo /kakós/ = malo). Entonces se podría decir que la “distopía” viene a ser como una “utopía negativa”, en donde la realidad que transcurre, es distorsionada y llevada a cabo por elementos antitéticos contrarios a los de una sociedad perfecta. Lo utópico o lo distópico, puede ser indicado a lo “deseable” e “indeseable”. Es así como en las novelas, por ejemplo, tenemos a que las sociedades distópicas son producto de una negativa tendencia social, un contexto en el cual las situaciones que se desenvuelven son indeseables y repudiables. Muchos escritores las emplean a manera de sátiras, para que el lector pueda estar advertido que no tiene sentido alguno vivir en una sociedad distópica, porque estas al final, llevan a consecuencias extrapoladas y nefastas, incluso muchos de ellas son situaciones hostiles en las que los personajes se ven envueltos.
En el mundo real, se podría decir que una distopía tiene mucho que ver con el contexto y la situación política-social en la que se vive o atraviesa una sociedad. Un claro ejemplo de esto, lo vemos en la historia, a mitad del siglos XX, donde se daban a conocer los primeros sucesos peligrosos que provenían del socialismo de Estado, producto de una gran mediocridad en el control de las masas y la interrupción de la evolución en las democracias liberales que buscaban sociedades totalitarias, cayendo en un mal manejo de consumismo y aislamiento. Obras como las de Robert Hugh, Señor del Mundo o Fahrenheit 451 de R. Bradbury, son claros ejemplos del caos o la mala conducción que impera en una sociedad determinada. Con el tiempo, las grandes empresas transnacionales, son las principales fuentes capitalistas que generan y provocan un contexto distópico, debido a los grandes manejos de la tecnología, donde poco a poco estas van abarcando la vida del hombre. Esto también se ve reflejado en muchas novelas, como La chica mecánica de Paolo Bacigalupi.

Toda distopía siempre termina en caos y desgracia. Las sociedades actuales cada vez más, parecen marchar a una “nueva era” en que la tecnología y las grandes empresas capitalistas van absorbiendo, no solo el mercado, sino también las decisiones y elecciones de los individuos. En palabras de Stuart Mill, el ser humano se distingue ante todo por su capacidad de elegir, ya que esta es la principal cualidad distintiva que sustrae al hombre de la naturaleza y la aleja de ella, para incorporarlo al reino de la cultura. Pero cada vez, parece que poco a poco el hombre va perdiendo su capacidad de elección, para caer y ser víctima de las neo-sociedades distópicas. En suma, el ser humano no debe olvidar que es un ser impredecible, y esta misma condición, hace que diariamente tena que renovarse los fines de la cultura y que todo cuerpo social normativo que intenten sujetar o reducir su soberanía le sea extraño. Esperemos que la realidad de una sociedad distópica, no supere a la ficción.

Referencias y material sobre sociedades distópicas:

·         Señor del Mundo – Robert Hugh.
·         Fahrenheit 451 – Ray Bradbury.
·         1984 – George Orwell.
·         Mercaderes del Espacio – Frederik Pohl y Cyril M. Kombluth.
·         Nosotros – Yevgueni Zamiatin.
·         Un mundo feliz – Aldous Huxley.
·         Traición (2005) – Scott Westerfield.
·         La chica mecánica – Paolo Bacigalupi.
·         La ciudad del gran rey – Oscar Esquivias.
·         Snow crash (1992) – Neal Stephenson.
·         La carretera (2006) – Cormac McCarthy.
·         La naranja mecánica – Stanley Kubrick.


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