miércoles, 18 de abril de 2012

BUDA y Bikkhu Hotei


Existen personas “por ahí” que creen que Buda fue un personaje gordito, barrigón y con una gran sonrisa en su rostro. Déjenme decirle que esto no es así y que deberían investigar antes de hablar. Pero les haré la vida más fácil y a continuación trataré de resumir la vida de Buda y luego la del otro personaje.
Aproximadamente vivió entre los años 543 y 478 a.C. (antes de la era común, siglo IV) y fue un príncipe de Nepal. Su padre fue el rey Suddhodana y su madre fue la reina Maia Deví, la cual murió luego de nacer su hijo Siddaharta Gautama (Buda), quien lleva ese nombre porque “Siddaharta” significa “la meta perfecta”. Luego pasó a ser criado por su tía Mahaprajpati (Payapati).
Nos narra la tradición oral, que al poco tiempo de nacer Siddharta, fue visitado por el brahmán Asita, un viejo asceta de gran reputación por su espléndida sabiduría y ciertos dotes para interpretar presagios. El anciano asceta profetizó que Siddharta llegaría a ser un gran gobernante o un gran maestro religioso. Esto hizo que su Padre, el rey Suddhodana tomara medidas al respecto para que su hijo no sea ese “maestro religioso” sino un rey guerrero y por eso protegió a su hijo de la vida a las afueras del palacio, privándolo del sufrimiento mundano y otorgándole una vida llena de placeres dentro de su reino.
Fue así que el pequeño príncipe siendo todavía un niño, tuvo a su disposición, a los mejores maestros del lugar para que lo educaran, razón por la cual Siddharta fue muy inteligente e ilustrado en las artes, los números y las letras. Y siendo fiel a la tradición de su familia, el clan de los Sakya (eran guerreros) se le enseñó también artes marciales y lucha para ejercitarlo diariamente.
Ya a sus dieciséis años, el joven Siddharta contrae nupcias con la princesa Yashodara, quien tenía su misma edad y producto de ello tuvieron un hijo llamado Rahula.
Pero fue a sus 29 años, donde el príncipe Siddharta abandona su reino. Dejando atrás las riquezas y las comodidades de Palacio, se dispone a emprender un viaje para entender la vida y dar una explicación sobre el sufrimiento, con lo cual ayudaría a mucha gente. Es así donde Siddharta abandona palacio y ya estando fuera, con mucha práctica y meditación alcanzó el estado mental más alto, conocido como NIRVANA “La iluminación” y solo así llegó a liberarse de las cosas de este mundo, comprendiendo en lo más profundo de su corazón las cuatro nobles verdades de la existencia. Todo esto a sus 35 años.
Después de haber logrado alcanzar el Nirvana, recorrió muchos lugares de la India y Nepal, predicando un mensaje de paz, amor y compasión hasta el día de su muerte a los 80 años de edad.
Hasta aquí la historia de Siddharta Gautama “Buda”.
Debe quedar en claro que Buda no es dios, ni “algún dios”, ni hijo de dios, ni algún enviado de dios, ni un ser sobrenatural, ni un ser mitológico, ni un “mesías”, ni un profeta. Solamente fue un ser humano común y corriente, pero muy sabio y con un gran corazón. Enseñó al hombre a como despertar la potencia mental y ayudar a los semejantes, sin esperar nada a cambio.
La filosofía budista recae sobre el sufrimiento. No por esto podemos considerar al budismo como una filosofía pesimista, ni tampoco “optimista”, sino realista. Buda enseñó como uno puede llegar a poner fin al sufrimiento estando vivo. Buda pudo llegar a percibir el dolor en sentido universal y luego dio la cura para esta enfermedad transitoria que afecta a toda la humanidad. Buda enseñó que una vez que el hombre llegue al estado del Nirvana, solo entonces se extinguirá el sufrimiento.
En cuanto su aspecto físico, era delgado. Luego de su iluminación viajaba a diario, iba de pueblo en pueblo, durante casi 45 años de su vida. Su alimentación era poca, pues se alimentaba con lo necesario, ni más, ni menos. Era vegetariano. Razones por la cual se desecha que haya sido “gordo”.
Por otra parte, ese “buda gordo, barrigón y calvo, sentado con una gran sonrisa” no es el verdadero Buda, no es Siddharta Gautama, el nombre de ese  personaje fue Bikkhu Hotei.
Bikkhu Hotei, fue un monje budista y vivió hace aproximadamente 1000 años. Hotei fue muy respetado y admirado por la felicidad desbordante que tenía, además poseía una gran sabiduría y una buena conciencia. Era un hombre lleno de amor, de buen carácter y por ser tan benevolente se le llegó a llamar “Buda”, por lo similar en poseer un carácter lleno de amor y de buen temperamento, pero que sin embargo, nunca llegó a alcanzar el nirvana.
Es así como en la tradición china, se le conoce también como “Budai” o “Butai” y debido a la homofonía entre el término “Buda” y Budai” se llega a producir la confusión con Siddharta Gautama. Por último cabe añadir que en la tradición china, la gordura representa la abundancia y la dicha (prosperidad).

viernes, 13 de abril de 2012

La Poetisa de Lesbos: Safo

Safo de Mitilene (Safo de Lesbos), fue considerada una de las primeras mujeres en expresar su libertad de expresión y a su vez su amor por las mujeres.
La poetisa griega vivió aproximadamente por los años 600 a.C. en la isla de Lesbos y desde ahí, dio al mundo verdadera poesía. Aunque resulte posible que las inspiraciones poéticas de Safo, como las de Alceo se encuentren en las canciones folklóricas de la época, pero cabe resaltar que la obra de estos poetas no es coral y ni siquiera popular. Sus poemas fueron escritos para ser cantados por sus amigos. Sabemos que esto nace por motivos locales y personales, los cuales trascendieron en un todo por el genio poético que les otorgó valor - de carácter - universal. En Safo, podemos apreciar claramente como se mezclan la sensibilidad y la pasión en un arte consumado.
Si analizamos el contenido poético de los poemas de Safo, nos podemos dar cuenta que el lenguaje empleado por ella, tiene la sencillez de un coloquio diario, exaltada y exacerbado a un temperamento sublime y expresivo. Quizá apenas uso por ahí, alguna palabra que no proceda de su habla vernácula, pero luego, toda palabra empleada tuvo una rigurosidad impecable en las frases (versos) que construyó siempre con un tino sutil.
Para Safo, el arte métrico no tiene, ni esconde secretos. Si uno lee con detenimiento, encontrará en cada estrofa, en cada verso, un vehículo ajustado, dócil y de uso apropiado en su contenido. Es como si las palabras que empleara la poetisa, cayeran bajo su propio peso y sin esfuerzo alguno.
Es por esto, que la poetisa representa el mejor estilo en la métrica poética, pues reúne los elementos intocables e insustituibles que cada verso requiere. Ni más, ni menos.
Por otra parte, Safo vivió dentro de un clima femenino, en la cual no se consentían artificios, ni convenciones. Aquí las mujeres eran libres y fue precisamente a muchas de sus amigas en su vida, a las que consagra varios de sus poemas, pues como sintió una profunda pasión en cada verso escrito, sus poemas parecen haber recorrido y trastocado el corazón de muchas con apasionados latidos. Sin embargo, su nombre fue manchado por la maligna imaginación alejandrina y romana, la cual desvirtuó en cierta manera, su extremada ternura.
Pero a pesar de todo esto, quien lee su poesía, puede estar plenamente convencido que lo que inspiró a Safo profundamente fue el verdadero amor.  Precisamente, es en sus versos donde gritan las congojas de la pasión desairada, el dolor de la separación, la ruptura, el recuerdo de los amores pasados y la impotencia de no poder vivirlos nuevamente; todos estos tópicos eternos son expresados con la pluma de un corazón profundamente enamorado y sincero, dejando de lado las ociosas y ambiguas metáforas.

Sus versos hablan por sí solos con una elocuencia que ni el mismo Cicerón superaría, pues en los pocos fragmentos que nos queda de la poetisa, podemos percibir estrofas palpitantes de vida. No existe algún alma que pueda quitar, ni añadir algo cuando ella exclama:
“Yo te amaba, Atis, una vez, hace mucho tiempo”
Ó cuando recitaba;
“Tuve entre mis brazos a una criatura deliciosa, más linda que las doradas flores, Cleis, mi adoración”
Cuando uno sigue revisando los poemas de Safo, encontrará que son los poemas mayores los que recorren las notas más intensas de su vida emocional. La poetisa ruega a la diosa Afrodita que cumpla sus promesas y la desate de las duras cadenas del anhelo que siente en su corazón por no estar con el ser amado. Y es ahí donde confiesa que ante la presencia del ser amado, su pecho enmudece, sus ojos se empañan y le zumban los oídos, evocando de esta manera el cariño ausente:
 “Tanto superas a las mujeres de Lidia, cuanto tras la puesta del Sol, la luna de rosados dedos supera a las estrellas, el rocío derrama entonces sus alivios y florecen la rosa, la blanda hierba y el trébol retoñado”
En otras palabras, Safo recuerda el olvido de los favores que no le fueron cumplidos  por la diosa Afrodita y a su vez trata que disfrutó un tiempo de un mutuo encanto. Pero cabe aclarar que no siempre se retuerce por las pasiones, pues ella misma es capaz de los deleites más serenos en donde se complace en el canturrear del agua entre los manzanos, la luna llena que resplandece, la estrella de la tarde que invita el regreso de los ganados y devuelve el seno maternal al cabrillo y al niño. A su vez, ella se burla de manera donosa de una mujer necia que parece revolotear a ciegas entre los espectros insustanciales, incapaz de cortar la rosa en el jardín de las Piérides. Y a su vez, celebra con delicado acento las gracias de la novia:
“Dulce manzana que se ruboriza prendida en lo más alto de la rama, donde tal vez la mano la descuida o no la olvida, no, que no la alcanza”
Este canto fluye espontáneamente como el agua de un manantial a través de sus versos. Pero Safo, no solo sabe cantar, sino que maneja sus recursos con perfecta maestría y elegancia, haciendo de las profundas pasiones: música.  Ella ataca y vence las más difíciles y arduas empresas poéticas, donde solo han logrado éxito los más altos, y acierta en llegar a la perfección poética, en cuanto pasa por su ser esos instantes supremos de concentración e inexplicable arrebato que solo un poeta sabe lo que se siente, luego de escribir, recitar o cantar, lo que una esencia divina le ha inspirado.
Su amigo Alceo describe a Safo como “La mujer de los cabellos violeta, la sagrada, la de la dulce sonrisa”, mientras que Platón la consideró la décima musa.  Hablar de su muerte, no cabe en este ensayo, pues eso se lo dejo a los historiadores. Sin embargo, es menester recordar que para el Doctor Pablo de Ballesteros, Safo fue la mujer más importante de Occidente Antiguo, no solo por ser una gran poetisa y ser la creadora de la poesía lírica, sino porque fue una mujer osada que sabía expresar lo que sentía sin tapujos, ni miedo a los “qué dirán” y sobre todo, porque fue una de las primeras mujeres que vivió en carne propia la libertad de expresión.